Como decía en la primera parte de este relato, en El Calafate la atracción que se lleva todas las palmas son los glaciares, particularmente el Glaciar Perito Moreno.

 

Realmente encontrarse frente a frente con esa masa de hielo, que cada tanto truena y deja caer una parte de su ser al lago, como mínimo es impactante.

Para llegar hasta él hay que hacer 80 km desde El Calafate, por un camino excelente, donde cada curva puede darnos una agradable sorpresa.
Después de este recorrido, pasando por el desvío a Puerto Banderas, a Puerto Bajo las Sombras, la Curva de los Suspiros, y por supuesto pagando la entrada al Parque Nacional Los Glaciares, ($160 para argentinos, $200 Mercosur y $250 extranjeros), llegamos a un estacionamiento donde dejamos nuestro vehículo y subimos a una de las combis gratuitas, que incesantemente parten hacia las pasarelas.

Nosotros llegamos temprano, antes que los tours que vienen de El Calafate, y pudimos hacer parte del paseo y sacar fotos muy tranquilos y sin tener que esperar que se corran los innumerables turistas que visitan el lugar.

Las pasarelas, son un circuito que les permite tener distintas vistas del Glaciar Perito Moreno. No tiene ninguna dificultad aunque tiene bastantes escaleras de subida y bajada, sin embargo también tiene algunas rampas y ascensor, que puede aliviar el esfuerzo.
Aquí no hay mucho más que hacer que contemplar y admirar a la increíble naturaleza, pero para que hablar si no hay palabras que puedan describir lo indescriptible.
Como siempre se dice, “una imagen vale más que mil palabras“, así que mejor vean las fotos…

Antes hablaba de los tours o excursiones para ver el glaciar, pero también hay otras que pueden ampliar nuestras expectativas a niveles insuperables.
Entre las pricipales, se puede recorrer el Lago Argentino en barco para conocer los glaciares UpsalaOnelli Spegazzini, se puede hacer un “minitreeking por la superficie del glaciar y otra un poco más complicada, permitida para menores de 50 años, que se llama Big Ice, donde se internan entre las profundas grietas del glaciar.
Como el costo no era poco, U$S 80 por persona la más barata, decidimos por recomendación hacer el minitreeking con la empresa Hielo & Aventura, totalmente recomendable.

Realmente, no tengo palabras que alcancen para explicar el placer que produce esta caminata. Las sinuosidades de la superficie de hielo y el profundo azul de las grietas es una experiencia genial.

El paseo comienza en Puerto Bajo las Sombras, donde subimos a un barco que navega por el Brazo Rico del Lago Argentino, para llegar a la costa sur del glaciar, donde podremos comer nuestra vianda, (no hay restaurante), hasta que empezamos por grupos a acercarnos a la base desde donde parte la caminata.

En esta base, nos preparamos poniéndonos los “crampones”, una especie de armazones metálicos con puntas, que se ajustan al calzado y evitan resbalar en el hielo.

Después y siempre acompañados por dos guías, iniciamos la caminata de aproximadamente una hora y media. Poco antes de finalizar, nos esperaban con whisky servido con hielo del glaciar. Un detalle simpático.

Los guías nos contaron, que hay escaladores experimentados que bajan por los sumideros, (especie de desagüe para el agua superficial del glaciar), y encuentran cavernas increíbles, donde además hacen buceo en los lagos internos que se forman. Impresionante!

Les dejo algunas fotos del “Planeta Glaciar

Cuarta etapa: El Calafate, Santa Cruz – El Chaltén, Santa Cruz – 213 km

Este es el tramo más corto que hicimos entre destino y destino. Llevó solo dos horas y media y el camino está asfaltado en excelente estado, bordeando primero el Lago Argentino y después el Lago Viedma.

Casi llegando a El Chaltén, si miran al otro lado del lago, van a ver el Glaciar Viedma y si miran hacia adelante en un día claro, el Monte Fitz Roy.

El Chaltén

El Chaltén

El Chaltén sí es una aldea, aunque está por adquirir el rango de ciudad al alcanzar los 1000 habitantes.
La “Ciudad del Treeking“, le dicen, y así es. Gente de todo el mundo la visita para hacer caminatas y escalar el Monte Fitz Roy.
Todo el tiempo se ven caminantes, con equipo que parece para escalar el Himalaya, andando y andando por los innumerables circuitos que se pueden disfrutar, como por ejemplo a Laguna de los TresLaguna del Desierto o el Mirador del Fitz Roy.

 

El Chaltén

Nosotros, como no estamos muy acostumbrados a esta actividad, hicimos el más corto, unos 4 km hasta la Laguna Capri.
Un lugar hermoso, donde pudimos por fin ver el Fitz Roy, que por el clima se nos había hecho esquivo.
Además, si desde el camino que llega a la laguna, hacen unos 50 m hacia la izquierda o siguen caminando por donde vienen unos 200 m, pasando a través del camping, pueden ver el Glaciar Piedras Blancas.

 

Río las Vueltas, El Chaltén
Mirador del Río Las Vueltas
Laguna Capri, El Chaltén
Laguna Capri y al fondo el Glaciar Piedras Blancas
Laguna Capri, El Chaltén

Con respecto a los alojamientos, está llenos de hostels, algunas cabañas y hoteles. Nosotros nos íbamos a alojar en el Complejo Como Vaca, pero hubo un problema con la reserva y Natalia, la dueña, se desvivió por conseguirnos otro alojamiento y hasta nos invitó a comer a su restaurante, Ahonikenk. Muy buena actitud!

Hay excursiones de todo el día para visitar El Chaltén desde El Calafate.
Les recomiendo que si no están seguros del buen clima, evítenla, porque las nubes y el viento no los dejaran disfrutar de un paseo tranquilo y el Fitz Roy no se deja ver fácilmente.

 

Cerro Fitz Roy
Las nubes enredadas en el Monte Fitz Roy

Quinta etapa: El Chaltén, Santa Cruz – Perito Moreno, Santa Cruz – 586 km

Por lejos, en cuanto al camino, fue la peor parte.

Hasta Perito Moreno, desde El Chaltén, son como dije 586 km., que comparado con otros tramos, no parece demasiado. El gran problema es que los primeros 125 km, hasta Tres Lagos, son excelentes, pero poco después comienza el ripio y ahí se pone difícil.

Entre Tres Lagos y Gobernador Gregores, hay 80 km de camino consolidado, ripio, grava o como lo quieran llamar, y por lo que sé no hay otro alternativo.

Apenas empezamos a andar, nos dimos cuenta que íbamos a tardar más de lo que esperábamos. Las piedras eran del tamaño de meteoritos, íbamos a 20 km/h, y golpeaban el chasis como balazos, la huella se hacía más profunda y la verdad, temblábamos.
No solo por el miedo a pinchar una goma, sino que se podía romper el carter o el tanque de nafta. Además no sabíamos si los 80 km completos serían así, o solo una parte.

Bueno, finalmente, después de ver a un par de autos que habían pinchado cubiertas, al cabo de unos 30 km llegamos a un sector un poco mejor, con más tierra que piedras, donde se podía ir a unos 50 km/h.
Lo de 30 km, es relativo y calculado a ojo, no había indicaciones y no miré el cuentakilómetros, así que puede ser más o menos, diría que menos.

Terminado este verdadero suplicio, que incluía un tramo de un kilómetro de asfalto, que nos hizo creer que todo había terminado, llegamos a Gregores.

Tengan cuidado, porque poco antes de la ciudad, continua la RN40 de ripio. No la tomen, sigan a Gregores que es asfaltado por RP29 y retomen la RN40 por la RP25.

Desde aquí, seguimos hacía el norte pasando por Bajo Caracoles. Supongo que este nombre se debe a las curvas y contracurvas en bajada que llegan hasta el pueblo.

Nosotros queríamos ir a la Cueva de las Manos y la gente nos mandaba por la RP97, un camino de ripio, (otra vez), que tiene 48 km, pero habíamos estudiado y visto que había un camino 40 km más al norte, desde donde solo eran 28 km.
El camino no está malo, es bastante parejo, pero es una verdadera montaña rusa, con pendientes muy empinadas y largas. Por esto es que recomendé usar marchas bajas, sinó el auto toma mucha velocidad y no es fácil frenar en las piedras. Tengan cuidado!

Justo a mitad de camino, hay una bifurcación, que justamente une la ruta larga de 48 km, con la que tomamos nosotros y juntas, yendo hacia la izquierda, se llega a las cuevas.

Un comentario aparte que les dará una idea de nuestro ánimo en ese momento.
En la bifurcación estuvimos parados unos minutos, cansados del camino y de las piedras, decidiendo si seguíamos o dábamos la vuelta y nos íbamos directo a Perito Moreno.
Por suerte resolvimos seguir, (previa echada a la suerte con una moneda), y puedo decir que fue una buena decisión. La Cueva de las Manos vale la pena.

 

Cueva de las manos

Al llegar, hay un estacionamiento y una oficina de atención, donde nos enteramos que hay visitas guiadas, (no se puede ir sin guía), de una hora aproximadamente y que costaba $80 cada uno, los niños no pagan.
El recorrido se hace bordeando el Cañadón del Río Pinturas, por una pasarela bajo enormes saledizos de piedra. Debajo, en la roca, nuestros antepasados, hace entre 1000 y 10000 años, reproducían sus manos, escenas de caza y otras imágenes aún no interpretadas, con pigmentos hechos con tierra, sangre y otros aderezos que no querrán saber.
No está muy claro por qué lo hacían, quizás para dejar una señal de su rumbo, quizás como una marca de territorio, no sé, pero está muy bueno conocerlas.

Cañadón del Río Pinturas
Huellas de nuestros antepasados

A la vuelta, llegamos volviendo por el mismo camino, a la ya cercana ciudad de Perito Moreno.
Con la excursión de unas dos horas, entre camino y visita, más el calvario del ripio, tardamos 11,5 horas en hacer los 586 km, más los 56 km del camino a las cuevas.
En esta ciudad, teníamos reservada una habitación en el Hotel y Restaurante Americano, muy cómodo y la comida buena y a precio razonable, con desayuno y estacionamiento incluido.

 

 

Sexta etapa: Perito Moreno, Santa Cruz – Puerto Madryn, Chubut – 820 km

 

Desde Perito Moreno, tomamos la ruta RP43 hacia Pico Truncado y la RP12 hasta Caleta Olivia, (el camino del que hablé en la Segunda Etapa, pero al revés), para empalmar la RN3 hasta Madryn.
Un camino muy rápido, de “solo” 300km, que hicimos, con viento de cola, en menos de tres horas.
Es una zona bastante industrializada, donde se ve el incesante subir y bajar de las “cigüeñas”, (las bombas de varillas para la extracción de petróleo).

De nuevo cuidado, porque todavía se ven guanacos por aquí!

Desde Caleta, tomamos la RN3, hacia el norte, pasando nuevamente por Comodoro Rivadavia, (la parte más pesada fue cruzar la ciudad a mediodía), y desde allí 376 km hasta Trelew.
Aquí, hicimos un desvío hacia la izquierda, de 22 km, porque queríamos ir a Gaiman, a tomar el té en el lugar que visitó Lady Di en 1995. De hecho, fue el mejor té que tomé en mi vida.

Casa de Té “Ty Te Caerdydd” y sus recuerdos de Lady Di

Retomando el camino, a 63 km, llegamos a Puerto Madryn, nuestra última escala patagónica.

 

Puerto Madryn

Nos encantó Madryn, una ciudad muy bonita y con toda la infraestructura necesaria para vivir permanentemente.
Febrero, no es la época más visitada por los turistas, ya que su principal atracción, el avistaje de ballenas, se disfruta desde mayo a diciembre.
Sin embargo, se pueden ver pingüinos y lobos marinos en la cercana Puerto Pirámides y por supuesto disfrutar de la ciudad y sus playas.

 

Hermosa Madryn desde el muelle

Monumento al Indio Tehuelche

Monumento a los caídos en Malvinas

Un paseo por Puerto Pirámides

Nos alojamos en el excelente Hostel El Gualicho, con una habitación cómoda, con TV y baño privado, una cocina compartida enorme, con parrilla, sala de estar con computadoras y TV, un comedor muy grande, donde desayunábamos o comíamos, estacionamiento y hasta un patio con hamacas paraguayas.

La idea principal de visitar Madryn, era ver a nuestros amigos que allí viven y pasear en su lancha nueva. Desgraciadamente el día del paseo, el puerto se cerró por el fuerte viento y nos quedamos con las ganas para la próxima visita.

 

Buenas noches Madryn, hasta la próxima!

Séptima y última etapa: Puerto Madryn, Chubut – Buenos Aires – 1300 km

 

Salimos muy temprano, antes de las 6:00 hs, cuando recién empezaba a amanecer.
No voy a describir demasiado este tramo, porque es casi el mismo que la Primera Etapa, salvo que se agregaron los 255 km que hay hasta Las Grutas.
Casualmente, fue la parte que se me hizo más pesada, quizás por ser tan temprano.
Después seguimos por RN3 hasta Bahía Blanca y nuevamente por la RP51, pasando por Coronel Pringles y Olavarría, llegamos a Azul, donde retomamos RN3 hasta Buenos Aires.
Parando bastante poco para este largo recorrido, llegamos en casi trece horas.

Y así terminó nuestro viaje, del que es difícil describir las sensaciones que produjo, pero a mí, a mi mujer y a mis hijos, nos gustó mucho.
Pensamos que, a pesar de las largas distancias y horas de manejo, es uno de esos viajes que hay que hacer una vez en la vida.
Se los recomiendo!

 

 
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