Separados por 10000 km, 12 hs de vuelo y varios miles de billetes, cruzar el Atlántico hacia el viejo continente, no es tan fácil para un argentino medio, pero lo logramos y les quiero contar nuestras experiencias.
Esta es la primera parte, de una serie de relatos sobre mi primer viaje a Europa desde Argentina, con mi mujer y mis dos hijos de 10 y 17 años.

Estuvimos en muchos lugares, muy distintos unos de otros, así que no voy a hacer comparaciones, primero porque son diferentes y difíciles de comparar y segundo porque la opinión puede variar según las circunstancias, de donde vengan, que les gusta, con quien vayan, el clima, el presupuesto, etc, etc.

El viaje lo hicimos en la primavera europea, un acierto sin duda, porque el clima fue muy bueno  y no había tantos turistas como en verano, una ventaja importante porque igualmente tuvimos esperas largas en algunas atracciones.

Como resumen, les cuento que el recorrido fue, Londres, Roma, Calabria, Florencia, Venecia, París, Barcelona, Galicia y Madrid.

Hoy voy a empezar por Londres, nuestra primera parada y el debut en tierras europeas

Llegamos al aeropuerto de Gatwick, después de 16 hs de viaje en Air Europa,  que no es precisamente la aerolínea más cómoda para un viaje tan largo, haciendo una escala en Madrid.
Les cuento, para los que se asustan con las 16 hs, que en realidad, desde que salimos de nuestra casa, contando traslados a y desde los aeropuertos, las horas previas al despegue, la escala y el retiro de equipajes, migraciones, etc., realmente llegamos al hotel después de 23 hs.

Desde Gatwick, viajamos a Londres con el tren Gatwick Express, que sale cada 15 minutos y tarda unos 35 en llegar a Victoria, para los cuatro nos costó casi £70, ida y vuelta, reservando por internet. Un placer, parece que flota en el aire.

En esta estación, compramos tarjetas de transporte Oyster Pay as You Go, que cuestan £5 y se cargan con la cantidad que quieran, sirven para el metro y los autobuses.
Vale aclarar, que con estas tarjetas los viajes cuestan menos de la mitad que comprándolos individualmente y además tienen un tope diario, a partir del cual ya no se paga más, no importa cuantos viajes hagan.
Este tope es de unas £7 u £8 aproximadamente, por lo que cargamos las tarjetas con £20 cada una y nos alcanzó justo.

Estación Victoria

Es importante saber que cuando se van de Londres, las pueden devolver y les dan las £5 del costo de la tarjeta, más lo que hayan cargado y no usaron. Hay que comprar una tarjeta por persona y los menores de 11 años viajan gratis.

Desde Victoria, tomamos el metro hasta Hammersmith, un barrio muy bonito al oeste de la ciudad, llegamos en unos 20 minutos y caminamos hasta nuestro hotel, el Adria.

El Adria Hotel, merece un párrafo aparte. Lo reservamos por Hoteles.com y la experiencia fue muy buena, la habitación cuádruple muy cómoda, con ventana a la calle jardín por medio, muy limpio y además bien ubicado, con varias líneas de metro en unos 400m.
Ah, un agregado extra, el recepcionista que nos atendió era de Barcelona.

Barrio de Hammersmith

Ya que hablé de metro, no puedo dejar de mencionar el orden y la organización del transporte londinense.

Hay muchísimas líneas, identificadas con nombre y color, algunas pasan por la misma estación, pero está tan bien señalizado, que es imposible perderse. Hasta los caños del interior del vagón, van pintados del color de la línea.

El autobús también es digno de mención. En las paradas, además del recorrido que hacen los que paran allí, hay un listado de destinos ordenados alfabéticamente, con el número de bus que llega a cada lugar. Cuando encuentran el número de autobús que buscan, miran en otro pequeño mapa, donde les dice la ubicación de las paradas cercanas, indicadas con una letra. Solo queda caminar unos metros, esperar unos minutos y listo.
En el autobús, una pantalla avisa la parada en la que están y la siguiente, igual que el metro.

Hyde Park
Arco de Wellington

Bueno, ahora sí, empezamos con las actividades . . .

Como íbamos a estar poco tiempo en cada lugar, previo al viaje hice una guía de lo que queríamos y podíamos ver en el tiempo con que contábamos.
Resultó muy útil, porque apenas llegábamos a una ciudad, sabíamos cuales eran las actividades diarias y como llegar hasta ellas.

 

1er. día – Buckingham, Trafalgar Square, Picadilly Circus, Soho

 

El día de llegada, nos quedaba la tarde para recorrer y empezamos por el Palacio de Buckingham, residencia oficial de la familia real británica en Londres, desde 1837. Lo vimos desde afuera, porque hay pocas fechas en las que se puede entrar.

El Palacio de Buckingham desde The Mall
Victoria Memorial

Seguimos caminando por The Mall, la avenida entre el Green Park y el Saint James’s Park, hastaTrafalgar Square, la plaza recordatoria de la batalla naval contra España en 1805. En el centro, está la columna con la estatua del Almirante Nelson, jefe de la escuadra británica, fallecido en la lucha.

Trafalgar Square

Pasando por Leicester Square, con la estatua de Shakespeare, seguimos hasta Picadilly Circus. Con sus carteles luminosos es el “Time Square” de Londres.

Shakespeare en Leicester Square
Picadilly Circus

Después de ver un espectáculo callejero, nos internamos en el Soho, con sus bares llenos en el “happy hour” del atardecer, es un barrio muy pintoresco para recorrer.
Finalmente, caminamos un poco por Regent’s Street, una de las avenidas más importantes con sus tiendas de marcas famosas, antes de cenar y volver al hotel.

Disfrutando el “Happy Hour” en The Soho
Regent’s Street

2do. día – Westminster, Torre de Londres, Tower Bridge, Abbey Road, Saint Paul

El segundo día, arrancamos temprano y fuimos hasta Westminster, cruzamos el puente sobre el Támesis y subimos al London Eye, la noria que da una vuelta en aproximadamente media hora y nos deja ver Londres desde arriba, cosa que no es muy impresionante, porque salvo en la City financiera, no hay grandes edificios, excepto algunas cúpulas de iglesias.

La entrada la compramos online, (no la incluye London Pass), aunque a las 9 de la mañana de ese día, casi no había gente. Por esto me arrepentí bastante de comprar el Fast Track, que cuesta unas £7 más que la entrada standard. Igual estoy seguro de que si no lo compraba habría tres cuadras de cola.

Si vale la pena subir? Yo creo que sí. Si volvería? Yo creo que no. Con una vez es suficiente.

El Puente de Westminster
El Palacio de Westminster desde el London Eye

Después del London Eye, fuimos al Simulador 4D, que está incluido en la entrada.  Es un paseo virtual sobre Londres bastante interesante.

Cuando terminamos, volvimos a cruzar el puente para ver el Parlamento, el Big Ben y la Abadía de Westminster.
Todo el mundo vio miles de imágenes de estos edificios, pero ver de cerca el trabajo y los detalles que tienen es impagable.
Un comentario, en realidad la torre del reloj no es el Big Ben, ese es el nombre de una campana enorme que hay dentro de la torre.

Abadía de Westminster
Detalles de la torre del Big Ben

La Abadía de Westminster, de casi mil años de antigüedad, es elegida para la coronación de los reyes y también están sus tumbas y las de otros personajes importantes de Inglaterra. Lamentablemente, no pudimos entrar porque el Viernes Santo está cerrada y al día siguiente, había una fila demasiado larga para nuestro corto tiempo.
Terminada la sesión fotográfica, caminamos hasta el muelle que está muy cerca y subimos a un barco que recorre el Támesis.

Llegamos hasta el Tower Bridge, pasando por el Waterloo, el Millenium y el London, por citar los más conocidos, y bajamos para recorrer la Torre de Londres, la antigua prisión, donde se encarcelaba y torturaba a los que supuestamente habían ofendido al rey. Un paseo interesante, de cerca de hora y media, entre armaduras y estrechas escaleras de piedra.

La “city” de Londres, el sector financiero, moderno y contrastante con el resto
Camino al Tower Bridge navegando el Támesis
La Torre de Londres
Armaduras en la Torre
Tower Bridge desde la Torre de Londres

Desde la Torre, bordeamos el río para ver el London Bridge, que fue el primer puente de la ciudad, construido por los romanos hace dos mil años, el actual se inauguró en 1973.

Después del almuerzo, tuvimos un percance que nos hizo volver al hotel y alterar el itinerario original, así que decidimos ir hasta la famosa Abbey Road, vimos los estudios donde grababan Los Beatles y el cruce de la tapa del disco.

Es increíble que tantos años después, la gente se siga sacando fotos ahí y además, que los autos paren para dejarte sacarlas.

Desconocidos cruzando Abbey Road

Mojándonos un poco, (y bueno, es Londres), nos fuimos a King’s Cross, la estación desde donde Harry Potter toma el Expreso de Howarts en la plataforma 9 y 3/4., muy moderna y con poco rastro de lo que se ve en las películas.

Sin embargo, hay un sector, lejos de las verdaderas plataformas, donde pegaron medio carro a la pared y la gente se saca fotos, simulando entrar a la plataforma no apta para “muggles”.
Atención, si quieren tener una foto decente hay que hacer la cola y pagarla, sino pueden conformarse como yo, con tomarla a algún desconocido con dinero y paciencia.

Al lado de King’s Cross está la Estación Internacional de Saint Pancras, un edificio realmente admirable por su arquitectura.

Saint Pancras International Station
La moderna King’s Cross
Entrando a la Plataforma 9 y 3/4
El Tower Bridge al anochecer
Llegando a la Catedral de Saint Paul

3er. día – Portobello Road, Regent’s Park, Museo Británico

Nuestro tercer y último día completo en Londres fue de lo más variado.
Empezamos temprano en Portobello Road, el mercado callejero de Notting Hill, donde entre frutas, verduras y antigüedades, encontré las mejores donas o rosquillas que comí en mi vida, buenísimas!

Mercado de Portobello Road en Notting Hill

Abandonando Notting Hill y frustrada la visita a la abadía por la fila, fuimos a conocer el Regent’s Park, uno de los enormes y excelentemente cuidados parques de Londres. Verdaderos pulmones de la ciudad, totalmente aislados del ruido.

Regent’s Park

Concluido el paseo, seguimos con un poco de cultura  y terminamos en el Museo Británico.

Realmente impresionante, tienen de todo y de todos los lugares que se les ocurran.
Se nota que hicieron muchos amigos en sus excursiones por el mundo, porque consiguieron que les regalaran objetos únicos de la historia mundial.(???)

Entre momias, piedras con jeroglíficos y columnas griegas, la visita fue muy interesante. Realmente merece una mirada un poco más profunda que la que pudimos dedicarle.

Un paseo por el Museo Británico

Finalmente, mi opinión sobre Londres para quien le interese.

Es una ciudad muy armónica, extremadamente ordenada y cuidada, baja y con pocos centros monumentales, pero muy importantes e icónicos, excelentes medios de transporte y que se disfruta por donde sea que anden. Una ciudad para vivirla, (y pagarla), definitivamente.

Y así terminaron nuestros tres días en Londres, ya que al día siguiente desayunamos y nos fuimos al aeropuerto, para viajar a nuestro segundo destino, la eterna Roma!

 
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