Las Cataratas del Iguazú, declaradas Maravilla Natural en 2011, es uno de esos lugares que uno tiene que ver antes de morir.

Antes de conocerlas, creía que eran unos pocos saltos de agua y que uno decía – ¡que lindo, cuanta agua! – y se iba. Pero no, cada paso, cada curva del camino, cada minuto, nos da una imagen, un reflejo, un recuerdo distinto.

Las cataratas son parte de Brasil y Argentina, en la selva misionera, cerca de las ciudades de Puerto Iguazú, de Foz de Iguazú y Ciudad del Este, en Argentina, Brasil y Paraguay, respectivamente.

El lado brasilero es de unos 600 m y se puede estar más cerca de los saltos, en un recorrido que lleva unas dos horas y que es más contemplativo.

Cataratas del Iguazú

El lado argentino, tiene unos 2000 m y se divide en el “Circuito Inferior” y el “Circuito Superior“.
Este recorrido es más dinámico y lleva todo el día. Se pueden hacer paseos en gomón, tomar sol en la Isla San Martín y viajar en el tren que recorre el área y tiene tres estaciones donde se accede a los distintos circuitos.

Uno de ellos lleva a la atracción principal, la Garganta del Diablo, un salto impresionante de 80 m, donde la espuma no deja ver el fondo y al que se accede por una pasarela que nos permite verlas desde arriba.

Cataratas del Iguazú
Los saltos, la Isla San Martín y el paseo en gomón

Los paquetes turísticos, generalmente son de cuatro días e incluyen la Represa de Itaipú, una visita de compras a Foz de Iguazú no muy divertida y a Ciudad del Este, una pérdida de tiempo. Es preferible disfrutar de la pileta del hotel o dormir una siesta.
Hablando de hoteles, hay muy buenos de los dos lados, el brasilero y el argentino, creo que la elección pasa por el tipo de cambio y el precio, más que por la calidad. Sin embargo, para más exigentes, se puede ir al Sheraton Iguazú, que tiene vistas a las cataratas.

Si viajan en avión, los de Aerolíneas Argentinas, a veces dan una vuelta sobre las cataratas.
Si van en auto, desde Buenos Aires son unos 1300 km y se pueden recorrer también las ruinas de San Ignacio, a unos 200 km de las cataratas.
La temperatura es casi siempre tropical y una de las mejores épocas para ir es a fines de agosto, donde hace unos 25 °C. Recomiendo llevar toallas y recambio de ropa, porque se van a mojar seguro.

Haciendo un poco de historia, cuentan que el primer europeo en verlas fue Alvar Nuñez Cabeza de Vaca en 1541 y que se formaron hace cientos de miles de años, por fallas geológicas, lavas emergentes y la erosión del agua.

Cataratas del Iguazú
La Garganta del Diablo desde el aire
Cataratas del Iguazú
La espectacular belleza de las cataratas

Para la leyenda, su creación es más romántica.

Se cuenta que a orillas del Río Iguazú, que quiere decir “agua grande”, tenían sus poblados los indios guaraníes y vivían felices por la fertilidad que le daban sus aguas, habitadas por Mboi, el dios con forma de serpiente.

Todos los años, se reunían en grandes festejos, para entregar una doncella al dios Mboi a cambio de su protección.

Uno de esos años, fue elegida Naipí, la hija de uno de los caciques. Era tan linda, que uno de los caciques invitados, llamado Tarobá, se enamoró de ella y le pidió a los ancianos de la tribu que no la sacrificaran.
Por supuesto no le hicieron caso, pero Tarobá no se rindió y con Naipí, escaparon por el río en una canoa sin que nadie se diera cuenta, excepto Mboi.

Taroba y Naipi
Naipi, Tarobá y Mboi
Crónicas de la tierra sin mal

El dios estaba tan furioso, que se internó en las profundidades de la tierra y partió el río en dos, elevando una parte y hundiendo la otra, haciendo que se formara un gran salto de agua que arrastró a la pareja y su canoa.

No contento con que murieran, convirtió a Tarobá en árbol y lo dejó en la ribera, inclinado sobre las aguas, mientras que a Naipí la convirtió en una piedra y la dejó en el río, donde el agua caía con más fuerza. Después de esto Mboi se quedó en la Garganta del Diablo, para vigilar que los enamorados nunca se acerquen.
Pero como el amor es más fuerte, en días muy soleados, un arco iris une la roca con el árbol, permitiendo por un momento que los amantes se encuentren.

Moraleja: si hay un dios con forma de serpiente que vigila el río, olvidate de la canoa y escapate por la selva.

Cataratas del Iguazú
 
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