Esta es la quinta parte de mi viaje de enero de 2017, con mi mujer y mis dos hijos, donde recorrimos un poquito de Estados Unidos.
En las cuatro primeras partes, hablé sobre algunos parques de Orlando: Magic Kingdom de Disney, Universal Studios e Isla de la Aventura, estos últimos de Universal y también de Las Vegas.

Desde esta última ciudad, pensamos hacer una escapada al Gran Cañón, más precisamente al South Rim, el extremo sur, el más visitado.
Pueden encontrar información muy útil en la web del Grand Canyon National Park, donde les hablarán del clima, los miradores, alojamientos, restaurantes, etc.
Hay otro sector que está fuera del Parque Nacional y más cercano a Las Vegas, pero por lo que leí, a pesar de tener el puente vidriado Skywalk, no tiene tan buenas vistas.

El Gran Cañón, está ubicado a unos 450 km de Las Vegas, en el estado de Arizona. Hay muchos tipos de excursiones, en bus, en helicóptero, en avión. Pueden hacer cabalgatas, rafting o simplemente internarse caminando en los senderos.
En invierno, como es nuestro caso, el Extremo Norte está cerrado y en el sur hace mucho frío, unos -5ºC, así que si pueden eviten esta época y también el verano porque es demasiado caluroso.

El South Rim, está a una altura de 2300 m sobre el nivel del mar y 800 m sobre el Río Colorado.

Desde Las Vegas es muy fácil llegar, saliendo por la US-93 se llega en Kingman a la Interestatal 40 y en Williams, se gira a la izquierda para tomar la AZ-64, que los llevará directo a la entrada del Parque Nacional.
La entradas cuestan U$S 15 cada uno si van en una excursión o U$S 30 por auto, incluyendo todos sus ocupantes, si lo hacen en forma particular.

Las rutas son tranquilas, por lo menos en invierno y recorren sierras, que en enero se ven nevadas

 

Hasta aquí, lo que sabíamos antes de planificar el viaje. Cuando realmente tuvimos que ir, la cosa se complicó un poco.
Justamente en la fecha de nuestra visita, había un alerta por tormenta de nieve, que nos tuvo dudando hasta el último minuto si íbamos o no.
Esta tormenta venía desde el Pacífico y pasó por Los Angeles y Las Vegas, no en forma de nevada, pero si de vientos y lluvias fuertes.

La idea original era salir a la mañana, llegar a mediodía, almorzar, ver el cañón, disfrutar el atardecer, quedarnos a dormir y al otro día, dar una vuelta y volver a Las Vegas. No fue tan así.
Finalmente, con un pronóstico que decía que al día siguiente cesaría el alerta, decidimos ir. Que podía pasar?

En el camino, sabíamos que atravesábamos parte de la Histórica Ruta 66, así que al llegar a Williams, salimos de la interestatal y llegamos al pueblo.
Realmente recomiendo la visita. Es un pueblito muy pintoresco, que además estaba nevado, y comimos en un lugar que se llama Goldie’s, que nos pareció buenísimo.
Con el ambiente de los ’60, se podían ver el mapa de la ruta, una muñeca de Betty Boop de tamaño humano, fotos antiguas y hasta el menú recordaba esa época.

Después de almorzar retomamos el camino y después de 100 km, llegamos al parque, donde ya el agua nieve estaba presente.
Nos alojamos en el Maswik Lodge y fue una muy buena elección, ya se darán cuenta por qué.
El Maswik está en Grand Canyon Village, como dije, dentro del Parque Nacional. Tiene una especie de lobby central y edificios de dos plantas alrededor, con varias habitaciones cada uno.

 

Apenas dejamos la camioneta que, les recuerdo, alquilamos en Las Vegas, subimos las valijas a nuestra habitación y cuando bajamos, la camioneta ya estaba atascada en la nieve y fue imposible moverla.

El plan de ver el cañón esa tarde, ya había fallado. Más claramente cuando algunos huéspedes que venían de allí nos dijeron que no vayamos porque había nubes muy bajas y no se veía nada.
Como la tormenta recién empezaba y no pensaba irme sin ver el cañón, aunque tuviéramos que quedarnos una semana, llamamos a Las Vegas para cancelar una noche en el Super 8 y reservamos una más en el Maswik.
Debo decir que el Super 8 solo nos cobró media tarifa por la noche cancelada. Muy buena actitud :)
Hecha la aclaración, el plan de ver el atardecer también había fallado.

A la noche, cenamos en el patio de comidas que tiene el Maswik. Y aclaro que la pizza que hacen es excelente, aunque también tienen carnes, pastas y comidas rápidas.

Al otro día, nos despertamos temprano y esperanzados, pero el primer vistazo por la ventana fue decepcionante. La nevada gozaba de una salud envidiable y las estalactitas que colgaban del techo felices y contentas.
A pesar de esto, desayunamos y eso de las 11 de la mañana, paró de nevar y hubo un leve indicio de mejoría. Al momento, salimos corriendo a tomar los buses que hacen un recorrido gratuito por varios hoteles y que llega al Centro de Visitantes del parque.
Es más, la conductora, (todas las que vimos son mujeres), no hizo bajar dos kilómetros antes de llegar porque decía que el centro estaba cerrado. Afortunadamente, en ese momento la llamaron diciéndole que habían abierto y subimos de nuevo.

Cuando llegamos, fuimos directo al mirador más cercano, el Mather Point y finalmente pudimos ver el motivo de nuestros desvelos. El Gran Cañón estaba frente a nosotros y es absolutamente imponente.
Con el decorado de la nieve y el sol iluminándolo, realmente era un paisaje conmovedor.

Por suerte nos sacamos las ganas antes de que volviera la tormenta de nieve.
Antes decía que el Maswik había sido una buena elección. Era porque si nos hubiéramos alojado más lejos, por ejemplo en Tusayán, el pueblo más cercano, no hubiéramos llegado a tiempo de ver nada.

Finalmente, con la tormenta en su auge, pasamos la noche y a la mañana siguiente por suerte paró y nos dedicamos a tratar de sacar la camioneta que tenía 30 cm de nieve encima.
El motor arrancó enseguida y lo dejamos calentando mientras paleábamos la nieve bajo las ruedas y rompíamos el hielo que se formó abajo.
Por suerte tenían herramientas para prestarnos y una señora que trabajaba ahí nos dijo que usáramos “senders”, unas piedritas que en cuanto las pusimos bajo las ruedas permitió que pudiéramos salir por fin.

Parece a propósito, pero cuando terminamos empezó a despejarse y tentaba hacer otra visita al cañón, pero ya no queríamos más y salimos corriendo de vuelta a Las Vegas.

Lo que hicimos a la vuelta lo conté en la entrada anterior, solo queda agregar que en el camino pasamos por otro pueblito de la Ruta 66, Seligman, que parecía Radiador Springs, el de Cars. Hasta el auto de policía se parecía.
Paramos a almorzar en Roadkill Café, muy típico y con platos muy abundantes. Podíamos haber comido gastando la mitad, pero nos llevamos lo que sobró y lo terminamos en Las Vegas.

Bueno, en la próxima les contaré nuestra última parada antes de volver a Buenos Aires, la visita a Los Angeles.

Para completar este relato, les dejo la galería de imágenes de nuestro paseo por el Gran Cañón y lo que nos dejó el camino.

 

 
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