San Pedro, es una ciudad muy cercana a Buenos Aires, solo 164 km al norte, sobre la ribera oeste del Río Paraná.
Hay muchas cosas que se pueden contar de San Pedro, desde sus paisajes litoraleños, pasando por el Club Náutico, la Parroquia Nuestra Señora del Socorro de 1872, el campo de batalla de La Vuelta de Obligado y otros tantos lugares, sin olvidar las famosas ensaimadas.

Sin embargo, un lugar me llamó la atención y ni siquiera sabía que existía. Eso pasa por no investigar :(

El Club Náutico de San Pedro

Hace algunos años, viajamos un feriado del 1º de mayo, Día del Trabajador. Pensamos en un corto descanso, que le diera un poco de aire a nuestras agitadas vidas ciudadanas, aprovechando la cercanía y tranquilidad de una ciudad ribereña.

Fue así, paseando tranquilamente por las calles de casas bajas, que cada tanto veíamos un cartel pegado a un poste de luz, que decía: “Vení a conocer El Sueño del Tano“.
Al principio lo ignoramos, pero después lo empezamos a ver por todos lados, Vení a conocer El Sueño del Tano, Vení a conocer El Sueño del Tano, y nos preguntábamos qué cuernos era El Sueño del Tano???

Por supuesto, el cartel cumplió su cometido, intrigarnos. Así que decidimos sacarnos la duda y siguiendo los carteles, llegamos al lugar de nuestros desvelos. El camino es de tierra y si llovió y no tienen una 4x4, mejor vayan otro día porque no abre.

El Sueño del Tano, finalmente era un museo, exposición de esculturas y jardín botánico, más algún agregado emocional, que algunos viajeros encontramos en cada lugar.

Nos acercamos a la boletería en la entrada y no había nadie, pero a los pocos minutos apareció un señor muy amable, que nos vendió los boletos y se volvió a ir. ¿Quién lo iba a imaginar? Ese señor era El Tano.

Con la entrada, no dieron un folleto, que contaba la historia de este señor.

Graziano Penduzzu, nació en Córcega, Italia, en 1933 y emigró a la Argentina en 1947, después de la Segunda Guerra Mundial. Por si alguien no lo sabe,  Tano se usa en Argentina para nombrar en forma genérica a los italianos y viene del aféresis de “napolitano”.

Durante diez años, anduvo de aquí para allá, hasta que se radicó en San Pedro. Empezó a trabajar como albañil, hasta que le pidieron restaurar la escultura de una virgen, así descubrió su pasión por la escultura y comenzó a soñar con tener un parque con mil árboles y ahí exponer sus esculturas.

Algunas de las esculturas de El Tano entre los colores del otoño

Dos de las atracciones más llamativas, son el Atelier del Tano, con su cara esculpida, mirando al parque y el Reloj Hidrológico, que con chorros de agua, marca día, mes, año, las estaciones y hasta el signo zodiacal .

Por suerte, esta es una de las pequeñas batallas, que todos tenemos en la vida, en que el héroe sale victorioso y consigue lo que quiere.

Sí, pudo cumplir su sueño, tiene el parque y expone sus esculturas, además vende las entradas y tiene un museo donde se puede ver desde un dracma antiguo, bicicletas a motor, antiguas máquinas de escribir y muchas cosas más.

Casualmente, a la entrada del museo, hay otro señor que da información y charla con los visitantes. . . era el hermano del Tano.

Les recomiendo el paseo, nos gustó mucho!

El atelier donde trabaja El Tano

Toda la belleza y precisión del Reloj Hidrológico

 
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