Había una vez, un loco que se autodeclaró Rey de la araucania y la Patagonia”….

Así empieza la historia, que cuentan los que ganaron. Pero, como casi siempre, hay otra historia.

En 1858, el francés Orélie Antoine de Tounens, llegó a la araucania, en Chile.

Interesado por las causas aborígenes, pasó dos años aprendiendo el idioma y preparando su plan.

Se autoproclamó rey de unos “indios borrachos”, lo metieron preso, los médicos dijeron que estaba loco y lo devolvieron a su país. Intentó volver tres veces, pero lo volvieron a mandar para su casa, donde finalmente murió pobre y olvidado.

Este es el resumen de la historia oficial, pero parece que la cosa no fue tan así.

Si se cuenta de esta manera, fuera de contexto, es como si yo me declarara Rey de California, pero Orélie no estaba tan loco.

Orélie Antoine de Tounens

En esa época, la Araucania y la Patagonia no formaban parte de Chile y Argentina. Eran territorios  independientes y soberanos, con derecho a establecer la forma de gobierno que les diera la gana.
Derecho que persiste en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, instrumentos internacionales ratificados por Chile y Argentina.

Los mapuches, preocupados por los planes de conquista que preparaban los gobiernos de Chile y Argentina, tomaron conciencia de que era importante y necesario, lograr el reconocimiento internacional del territorio que habían defendido y reclamado por siglos.

Orélie, era abogado, viajó y se reunió con los jefes mapuches, redactó una constitución, designó su gabinete y con el apoyo de los caciques, fue nombrado Orélie Antoine I, Rey del estado Mapuche, con capital en Perquenco, en noviembre de 1860, cumpliendo con todas las normas legales.

A fines de ese mismo año y convencidos de estar en la misma situación, se le unieron los habitantes de la Patagonia, formando un reino cuatro veces mayor que su Francia natal.

Sin embargo Chile negaba estos reclamos, alegando derechos de dominio heredados de España. Pero la Corona de España reconoció la independencia de la nación Mapuche en 1641, vigente al momento de la creación del estado chileno en 1810.

Reino de la Araucania y la Patagonia

No terminó ahí la organización del estado, creó su bandera, su himno y envío comunicaciones solicitando el reconocimiento internacional, que los gobiernos chileno y argentino ignoraron.

Mientras, con una campaña de descrédito y alegando un levantamiento de las tribus, enviaron al coronel Cornelio Saavedra, nieto del presidente de la Primera Junta de gobierno argentina a capturarlo.

Saavedra lo apresó, (o secuestró, según quien lo cuente) y lo llevaron ante el juez, que creyéndolo loco, pidió una consulta médica.

A pesar de que el médico no detectó insanía mental, el cónsul francés, temiendo males mayores, insistió en su locura y consiguió que lo enviaran a Francia en 1862.

Orélie no se rindió, escribió sus memorias, hizo acuñar monedas y consiguió apoyo financiero para volver a su reino en 1869.

Esta vez, desembarca en San Antonio, en Río Negro, Argentina y llega a Choele – Choel, donde dicen que una tribu poco amistosa casi lo degüella, pero alguien lo reconoció y lo dejaron seguir su viaje a Chile.

Ahí lo vuelve a descubrir Saavedra, pero esta vez logra escapar hacia Buenos Aires, embarcando nuevamente a Francia.

Bandera del Reino
Las monedas que acuñó Orélie

En 1874, vuelve a conseguir apoyo para volver, desembarca en Buenos Aires, viaja hacia Bahía Blanca, lo vuelven a descubrir y otra vez lo mandan a su casa.

Finalmente en 1876, hace su último viaje, pero aparentemente enfermo vuelve a Francia.

Cuenta una versión, que un tal Planchet, le robó la Constitución para quedarse con del título y viajó a la Patagonia para apoderarse del reino. Los mapuches lo maltrataron y debió volver a Francia, donde Orélie, al enterarse de sus andanzas, lo reto a un singular duelo con lanza y boleadoras, pero Planchet prefirió abandonar sus pretensiones de reinado.

El Rey Orélie Antoine de Tounens, murió en 1878, dejando como sucesor a Aquiles I, que nunca visito su reino y que poco antes de morir, parece que intentó vender los territorios.

Aquí terminaría la historia, pero no . . . En realidad sigue hasta el día de hoy!

 

Al morir en 2014 Philippe Boiry Raynaud, llamado Felipe I, quien durante toda su vida, participo y ayudó a facilitar la representación de la nación mapuche en diversos órganos de la ONU, incluyendo la UNPO (Organización de Naciones y Pueblos No representados), el poder quedó a cargo del príncipe regente Philippe de Lavalette, (Felipe II).

Después del funeral, el Consejo del Reino eligió unánimemente a Jean-Michel Parasiliti dit Para como jefe de la Casa Real de la Araucanía y Patagonia, bajo el nombre de Antonio IV.

Según los seguidores del viejo rey, “A pesar que la invasión chilena y argentina se produjo, la legalidad del Reino constitucional sigue indiscutiblemente vigente, así lo atestiguan los expertos en derecho internacional, porque fue creado libre y democraticamente por los integrantes del pueblo mapuche y porque tanto Reino como mapuches, no han renunciado al derecho territorial, su autonomía y libre determinación que les reconoce el derecho internacional”.

 

 

 

Jean-Michel Parasiliti dit Para

Supongo que nunca se sabrá la verdad, si era un loco que soñó ser rey o un verdadero rey con sueños de evitar la matanza que vino años después.

Desgraciadamente, historias como esta, ocurrieron en el “desierto” que supimos conquistar.
!Viva el Rey!

 
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