San Pedro y El Sueño del Tano

San Pedro y El Sueño del Tano

San Pedro, es una ciudad muy cercana a Buenos Aires, solo 164 km al norte, sobre la ribera oeste del Río Paraná.
Hay muchas cosas que se pueden contar de San Pedro, desde sus paisajes litoraleños, pasando por el Club Náutico, la Parroquia Nuestra Señora del Socorro de 1872, el campo de batalla de La Vuelta de Obligado y otros tantos lugares, sin olvidar las famosas ensaimadas.

Sin embargo, un lugar me llamó la atención y ni siquiera sabía que existía. Eso pasa por no investigar :(

El Club Náutico de San Pedro

Hace algunos años, viajamos un feriado del 1º de mayo, Día del Trabajador. Pensamos en un corto descanso, que le diera un poco de aire a nuestras agitadas vidas ciudadanas, aprovechando la cercanía y tranquilidad de una ciudad ribereña.

Fue así, paseando tranquilamente por las calles de casas bajas, que cada tanto veíamos un cartel pegado a un poste de luz, que decía: “Vení a conocer El Sueño del Tano“.
Al principio lo ignoramos, pero después lo empezamos a ver por todos lados, Vení a conocer El Sueño del Tano, Vení a conocer El Sueño del Tano, y nos preguntábamos qué cuernos era El Sueño del Tano???

Por supuesto, el cartel cumplió su cometido, intrigarnos. Así que decidimos sacarnos la duda y siguiendo los carteles, llegamos al lugar de nuestros desvelos. El camino es de tierra y si llovió y no tienen una 4x4, mejor vayan otro día porque no abre.

El Sueño del Tano, finalmente era un museo, exposición de esculturas y jardín botánico, más algún agregado emocional, que algunos viajeros encontramos en cada lugar.

Nos acercamos a la boletería en la entrada y no había nadie, pero a los pocos minutos apareció un señor muy amable, que nos vendió los boletos y se volvió a ir. ¿Quién lo iba a imaginar? Ese señor era El Tano.

Con la entrada, no dieron un folleto, que contaba la historia de este señor.

Graziano Penduzzu, nació en Córcega, Italia, en 1933 y emigró a la Argentina en 1947, después de la Segunda Guerra Mundial. Por si alguien no lo sabe,  Tano se usa en Argentina para nombrar en forma genérica a los italianos y viene del aféresis de “napolitano”.

Durante diez años, anduvo de aquí para allá, hasta que se radicó en San Pedro. Empezó a trabajar como albañil, hasta que le pidieron restaurar la escultura de una virgen, así descubrió su pasión por la escultura y comenzó a soñar con tener un parque con mil árboles y ahí exponer sus esculturas.

Algunas de las esculturas de El Tano entre los colores del otoño

Dos de las atracciones más llamativas, son el Atelier del Tano, con su cara esculpida, mirando al parque y el Reloj Hidrológico, que con chorros de agua, marca día, mes, año, las estaciones y hasta el signo zodiacal .

Por suerte, esta es una de las pequeñas batallas, que todos tenemos en la vida, en que el héroe sale victorioso y consigue lo que quiere.

Sí, pudo cumplir su sueño, tiene el parque y expone sus esculturas, además vende las entradas y tiene un museo donde se puede ver desde un dracma antiguo, bicicletas a motor, antiguas máquinas de escribir y muchas cosas más.

Casualmente, a la entrada del museo, hay otro señor que da información y charla con los visitantes. . . era el hermano del Tano.

Les recomiendo el paseo, nos gustó mucho!

El atelier donde trabaja El Tano

Toda la belleza y precisión del Reloj Hidrológico

Micky Fiscina en Londres

Micky Fiscina en Londres

Inaugurando las historias de viajeros colaboradores, Micky Fiscina, Guía y Conductor Team, nos deja una divertida anécdota de uno de sus viajes a Londres.

Para seguirlo en Twitter @MickyFiscina
Aquí su relato, gracias Micky

Micky con uno de sus grupos

Como Guia y Team Conductor, me ha tocado recorrer varios países y lugares trabajando con grupos, no de vacaciones. Uno de ellos es Londres.

Londres es una ciudad que desde que la vi me encantó, las calles, la historia, la magia.
Tanto, que si no me toca en algún circuito por Europa, cuando estoy en París, la ofrezco como excursión opcional, aprovechando que el tren tarda solo 2:30 hs.

En uno de mis viajes a París, con grupos de la Alianza Francesa, fui con cuarenta pasajeros a un Full Day en Londres.

El City Tour londinense no tiene muchos secretos, ya que al ir por solo un día hay que aprovecharlo al máximo.
De esta manera, bajamos del tren en la Estación Waterloo, a dos cuadras del Ojo de Londres, (ahora cambió y no llega más a esa estación), cruzamos el Westminster Bridge, tomamos las fotos de rigor en el Big Ben, visitamos la Abadía de Westminster y ahi tomamos el Bus Turístico, haciendo un recorrido con algunas paradas típicas en el Puente de Londres, en la Torre de Londres y sobre todo algo que a la gente le fascina, que es ir a la Catedral de Saint Paul, (donde se casó Lady Di), terminando en Piccaddilly Circus.

Luego de recorrer los principales sitios de la zona, los llevé a un shopping, sobre todo para que puedan usar los sanitarios. Pero claro, ir con un grupo donde de los cuarenta, treinta son mujeres y llevarlas a un shoping es un riesgo, pero por el “city” que les armo no me queda otra opción.

Al terminar la visita, los reuní en la salida, los conté y los llevé a un bar – restaurant, a unas siete cuadras, donde además de comidas inglesas hay también otras opciones, porque a veces en eun grupo no a todos les gustan los platos típicos.

Justo al llegar al restaurant, cae uno de esos típicos chaparrones de Londres en otoño, garúa, garúa y no para más, así que nos refugiamos y la mayoría aprovechamos a tomar una rica sopa inglesa.
Así, entre anécdotas, risas, impresiones de lo que estaban viendo, recorro las mesas para ver como estaban y prepararlos para ir al cierre del paseo en el Palacio de Buckingham para el cambio de guardia y cerrar el dia antes del regreso a París.

En el recorrido por las mesas me doy cuenta de que me faltaba una pasajera!!!

Una de las cosas que tengo es una muy buena memoria visual, quizás a veces no recuerde el nombre de algún pasajero, pero sé con quien va, donde se sienta, la pareja, etc., etc. Y vi que me faltaba Luisa, una señora de 80 años que venia de San Francisco sola, y aunque se había acoplado bien con el grupo, no tenía amigas que pudieran extrañar su ausencia.
Pregunté a las mujeres y me dijeron está en el baño, pero me doy cuenta que en realidad nunca había llegado al restaurante, porque habían ocupado 39 lugares…

El corazón casi se me sale, desde la salida del shoping hasta esa hora, habían pasado 2:30 hs. Donde estaba esa mujer???
Además, no hablaba ni una palabra de inglés, estaba sola, tenia 80 años, y diluviaba, todo mal …

Así que, demostrando la mayor tranquilidad, llevé al grupo al palacio que estaba cerca, les dije que me esperaran allí hasta las 18 hs, y que si no llegaba que fueran a Waterloo, para regresar a París, ya que yo no me iba a mover de Londres sin Luisa.

Esto ocurrió en el año 2006, así que el único que había viajado con teléfono celular era yo, o sea comunicación nula.
Me subí a un taxi y empecé a recorrer las calles despacio, rehaciendo el camino desde el shopping hasta el restaurante, donde la había contado por última vez.

 

Y allí estaba, cual Penélope en el andén, parada con su paraguas, llorando en la puerta del shopping…
Cuando me vio, me abrazó y se disculpaba. Yo sinceramente no sabía que decirle…

Ella se disculpaba porque cuando salíamos, se le ocurrió ir a una chocolatería del shopping, donde algunas mujeres habían comprado y como ella no la había visto, volvió sin avisar. Pero claro, después no supo por donde íbamos.
Por suerte, a pesar del tiempo transcurrido, nunca se movió del lugar.

Finalmente llegamos al palacio, la gente se alegró de verla y hasta paró de llover y salió el sol.
Regresamos a Paris y tuvimos motivos para seguir festejando.

Esta fue la única vez, en mis 17 años de guía, que olvido o extravío un pasajero!!!

Con Luisa tuvimos contacto, hasta hace unos cinco años cuando falleció, y recordábamos siempre esta anécdota.
Volví un par de veces más a Londres, pero nunca voy a olvidar este viaje en particular, incluso cuando paso por la esquina del shopping, aún la veo a Luisa, esperándome con su paraguas bajo la lluvia.

Micky Fiscina

 

El Rey de la Patagonia, los mapuches y los de siempre

El Rey de la Patagonia, los mapuches y los de siempre

Había una vez, un loco que se autodeclaró Rey de la araucania y la Patagonia”….

Así empieza la historia, que cuentan los que ganaron. Pero, como casi siempre, hay otra historia.

En 1858, el francés Orélie Antoine de Tounens, llegó a la araucania, en Chile.

Interesado por las causas aborígenes, pasó dos años aprendiendo el idioma y preparando su plan.

Se autoproclamó rey de unos “indios borrachos”, lo metieron preso, los médicos dijeron que estaba loco y lo devolvieron a su país. Intentó volver tres veces, pero lo volvieron a mandar para su casa, donde finalmente murió pobre y olvidado.

Este es el resumen de la historia oficial, pero parece que la cosa no fue tan así.

Si se cuenta de esta manera, fuera de contexto, es como si yo me declarara Rey de California, pero Orélie no estaba tan loco.

Orélie Antoine de Tounens

En esa época, la Araucania y la Patagonia no formaban parte de Chile y Argentina. Eran territorios  independientes y soberanos, con derecho a establecer la forma de gobierno que les diera la gana.
Derecho que persiste en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, instrumentos internacionales ratificados por Chile y Argentina.

Los mapuches, preocupados por los planes de conquista que preparaban los gobiernos de Chile y Argentina, tomaron conciencia de que era importante y necesario, lograr el reconocimiento internacional del territorio que habían defendido y reclamado por siglos.

Orélie, era abogado, viajó y se reunió con los jefes mapuches, redactó una constitución, designó su gabinete y con el apoyo de los caciques, fue nombrado Orélie Antoine I, Rey del estado Mapuche, con capital en Perquenco, en noviembre de 1860, cumpliendo con todas las normas legales.

A fines de ese mismo año y convencidos de estar en la misma situación, se le unieron los habitantes de la Patagonia, formando un reino cuatro veces mayor que su Francia natal.

Sin embargo Chile negaba estos reclamos, alegando derechos de dominio heredados de España. Pero la Corona de España reconoció la independencia de la nación Mapuche en 1641, vigente al momento de la creación del estado chileno en 1810.

Reino de la Araucania y la Patagonia

No terminó ahí la organización del estado, creó su bandera, su himno y envío comunicaciones solicitando el reconocimiento internacional, que los gobiernos chileno y argentino ignoraron.

Mientras, con una campaña de descrédito y alegando un levantamiento de las tribus, enviaron al coronel Cornelio Saavedra, nieto del presidente de la Primera Junta de gobierno argentina a capturarlo.

Saavedra lo apresó, (o secuestró, según quien lo cuente) y lo llevaron ante el juez, que creyéndolo loco, pidió una consulta médica.

A pesar de que el médico no detectó insanía mental, el cónsul francés, temiendo males mayores, insistió en su locura y consiguió que lo enviaran a Francia en 1862.

Orélie no se rindió, escribió sus memorias, hizo acuñar monedas y consiguió apoyo financiero para volver a su reino en 1869.

Esta vez, desembarca en San Antonio, en Río Negro, Argentina y llega a Choele – Choel, donde dicen que una tribu poco amistosa casi lo degüella, pero alguien lo reconoció y lo dejaron seguir su viaje a Chile.

Ahí lo vuelve a descubrir Saavedra, pero esta vez logra escapar hacia Buenos Aires, embarcando nuevamente a Francia.

Bandera del Reino
Las monedas que acuñó Orélie

En 1874, vuelve a conseguir apoyo para volver, desembarca en Buenos Aires, viaja hacia Bahía Blanca, lo vuelven a descubrir y otra vez lo mandan a su casa.

Finalmente en 1876, hace su último viaje, pero aparentemente enfermo vuelve a Francia.

Cuenta una versión, que un tal Planchet, le robó la Constitución para quedarse con del título y viajó a la Patagonia para apoderarse del reino. Los mapuches lo maltrataron y debió volver a Francia, donde Orélie, al enterarse de sus andanzas, lo reto a un singular duelo con lanza y boleadoras, pero Planchet prefirió abandonar sus pretensiones de reinado.

El Rey Orélie Antoine de Tounens, murió en 1878, dejando como sucesor a Aquiles I, que nunca visito su reino y que poco antes de morir, parece que intentó vender los territorios.

Aquí terminaría la historia, pero no . . . En realidad sigue hasta el día de hoy!

 

Al morir en 2014 Philippe Boiry Raynaud, llamado Felipe I, quien durante toda su vida, participo y ayudó a facilitar la representación de la nación mapuche en diversos órganos de la ONU, incluyendo la UNPO (Organización de Naciones y Pueblos No representados), el poder quedó a cargo del príncipe regente Philippe de Lavalette, (Felipe II).

Después del funeral, el Consejo del Reino eligió unánimemente a Jean-Michel Parasiliti dit Para como jefe de la Casa Real de la Araucanía y Patagonia, bajo el nombre de Antonio IV.

Según los seguidores del viejo rey, “A pesar que la invasión chilena y argentina se produjo, la legalidad del Reino constitucional sigue indiscutiblemente vigente, así lo atestiguan los expertos en derecho internacional, porque fue creado libre y democraticamente por los integrantes del pueblo mapuche y porque tanto Reino como mapuches, no han renunciado al derecho territorial, su autonomía y libre determinación que les reconoce el derecho internacional”.

 

 

 

Jean-Michel Parasiliti dit Para

Supongo que nunca se sabrá la verdad, si era un loco que soñó ser rey o un verdadero rey con sueños de evitar la matanza que vino años después.

Desgraciadamente, historias como esta, ocurrieron en el “desierto” que supimos conquistar.
!Viva el Rey!

Cataratas del Iguazú – Una maravilla con leyenda y video

Cataratas del Iguazú – Una maravilla con leyenda y video

Las Cataratas del Iguazú, declaradas Maravilla Natural en 2011, es uno de esos lugares que uno tiene que ver antes de morir.

Antes de conocerlas, creía que eran unos pocos saltos de agua y que uno decía – ¡que lindo, cuanta agua! – y se iba. Pero no, cada paso, cada curva del camino, cada minuto, nos da una imagen, un reflejo, un recuerdo distinto.

Las cataratas son parte de Brasil y Argentina, en la selva misionera, cerca de las ciudades de Puerto Iguazú, de Foz de Iguazú y Ciudad del Este, en Argentina, Brasil y Paraguay, respectivamente.

El lado brasilero es de unos 600 m y se puede estar más cerca de los saltos, en un recorrido que lleva unas dos horas y que es más contemplativo.

El lado argentino, tiene unos 2000 m y se divide en el “Circuito Inferior” y el “Circuito Superior“.
Este recorrido es más dinámico y lleva todo el día. Se pueden hacer paseos en gomón, tomar sol en la Isla San Martín y viajar en el tren que recorre el área y tiene tres estaciones donde se accede a los distintos circuitos.

Uno de ellos lleva a la atracción principal, la Garganta del Diablo, un salto impresionante de 80 m, donde la espuma no deja ver el fondo y al que se accede por una pasarela que nos permite verlas desde arriba.

Los saltos, la Isla San Martín y el paseo en gomón

Los paquetes turísticos, generalmente son de cuatro días e incluyen la Represa de Itaipú, una visita de compras a Foz de Iguazú no muy divertida y a Ciudad del Este, una pérdida de tiempo. Es preferible disfrutar de la pileta del hotel o dormir una siesta.
Hablando de hoteles, hay muy buenos de los dos lados, el brasilero y el argentino, creo que la elección pasa por el tipo de cambio y el precio, más que por la calidad. Sin embargo, para más exigentes, se puede ir al Sheraton Iguazú, que tiene vistas a las cataratas.

Si viajan en avión, los de Aerolíneas Argentinas, a veces dan una vuelta sobre las cataratas.
Si van en auto, desde Buenos Aires son unos 1300 km y se pueden recorrer también las ruinas de San Ignacio, a unos 200 km de las cataratas.
La temperatura es casi siempre tropical y una de las mejores épocas para ir es a fines de agosto, donde hace unos 25 °C. Recomiendo llevar toallas y recambio de ropa, porque se van a mojar seguro.

Haciendo un poco de historia, cuentan que el primer europeo en verlas fue Alvar Nuñez Cabeza de Vaca en 1541 y que se formaron hace cientos de miles de años, por fallas geológicas, lavas emergentes y la erosión del agua.

La Garganta del Diablo desde el aire
La espectacular belleza de las cataratas

Para la leyenda, su creación es más romántica.

Se cuenta que a orillas del Río Iguazú, que quiere decir “agua grande”, tenían sus poblados los indios guaraníes y vivían felices por la fertilidad que le daban sus aguas, habitadas por Mboi, el dios con forma de serpiente.

Todos los años, se reunían en grandes festejos, para entregar una doncella al dios Mboi a cambio de su protección.

Uno de esos años, fue elegida Naipí, la hija de uno de los caciques. Era tan linda, que uno de los caciques invitados, llamado Tarobá, se enamoró de ella y le pidió a los ancianos de la tribu que no la sacrificaran.
Por supuesto no le hicieron caso, pero Tarobá no se rindió y con Naipí, escaparon por el río en una canoa sin que nadie se diera cuenta, excepto Mboi.

Naipi, Tarobá y Mboi
Crónicas de la tierra sin mal

El dios estaba tan furioso, que se internó en las profundidades de la tierra y partió el río en dos, elevando una parte y hundiendo la otra, haciendo que se formara un gran salto de agua que arrastró a la pareja y su canoa.

No contento con que murieran, convirtió a Tarobá en árbol y lo dejó en la ribera, inclinado sobre las aguas, mientras que a Naipí la convirtió en una piedra y la dejó en el río, donde el agua caía con más fuerza. Después de esto Mboi se quedó en la Garganta del Diablo, para vigilar que los enamorados nunca se acerquen.
Pero como el amor es más fuerte, en días muy soleados, un arco iris une la roca con el árbol, permitiendo por un momento que los amantes se encuentren.

Moraleja: si hay un dios con forma de serpiente que vigila el río, olvidate de la canoa y escapate por la selva.

Y un día, California fue argentina

Y un día, California fue argentina

Había una vez, durante las guerras por la independencia de América, un personaje no tan conocido y casi inexistente para las escuelas argentinas, que durante dos años viajó alrededor del mundo, luchando por nuestra bandera.
Se llamaba Hipólito Bouchard.

Si alguna vez existió alguien que se podía comparar con los héroes de los clásicos de aventuras, ese era Hipólito Bouchard.
Un francés, nacido en 1780, que atraído por las ideas liberales americanas, llegó al Río de la Plata, a  plegarse a la lucha por la independencia de las colonias españolas.

A pesar de ser marino por vocación, ingresó al regimiento de granaderos a caballo, recién creado por el General San Martín y hasta se destacó en la primera y única batalla del general en suelo argentino, la batalla de San Lorenzo. En esa ocasión, el francés le quitó la bandera al enemigo y la puso en manos de San Martín.

Hipólito Bouchard (1780 – 1837)

Pero lo seguía atrayendo el mar y en 1815, el Director Supremo de las Provincias del Río de la Plata, le otorgó la patente de corso, para que luchara contra los enemigos de la incipiente nación.

Esta patente, era un contrato por el cual, un estado otorgaba a un particular el derecho de atacar, apresar, saquear o destruir todo buque que enarbolara una bandera enemiga, a cambio de permitirle quedarse con una cierta parte del botín obtenido.

Y Bouchard, se lo tomo muy en serio.

En 1817 partió en la fragata “La Argentina”, desde Buenos Aires hacia la costa de la India, donde decían, navegaba la flota española de las Filipinas.

Cruzó el Océano Atlántico, bordeó el Cabo de Buena Esperanza, y al llegar a la costa este de África, luchó y derrotó a barcos esclavistas, en las costas de Madagascar.

Al llegar a la India y enterarse que la flota ya no comerciaba en esa zona, siguió su ruta hacia Filipinas, pasando por Java y Sumatra, donde fue atacado por piratas malayos, (sí, los de Sandokan), al sur de Borneo. Lo atacaron cinco naves, y a pesar de que la tripulación estaba débil y enferma de escorbuto, consiguió vencerlos y seguir su camino.

Llegado a Filipinas, puso sitio a Manila, su capital y durante dos meses, capturó barcos mercantes que intentaban aprovisionar a la ciudad.

Luego de esto, decidió ir hacia la costa china para tratar de capturar navíos españoles, pero ante la falta de víveres y las enfermedades de la tripulación, aprovechando las corrientes, se dirigió hacia Hawaii.

Al llegar allí, se enteró de que la fragata Chacabuco, también argentina, estaba atracada en las islas. La fragata, había sido tomada por un motín de la tripulación en Chile, con la idea de dedicarse a la piratería. Al llegar a Hawaii sin provisiones, los amotinados tuvieron que vender el barco al Rey Kamehameha, a quien Bouchard entrevistó, lo obligó a entregar la nave, firmó pactos de amistad y reconocimiento de la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, lo convenció de proporcionarle tripulantes y finalmente, el rey hawaiano fue nombrado por el corsario, teniente coronel de la nueva nación.

Luego de estas aventuras, Hipólito levó anclas hacia las costas españolas de los actuales Estados Unidos. California, bah!

Decidió atacar Monterrey, con la idea de capturar tesoros, que suponían, los españoles tenían guardados en la ciudad. Sin embargo, el gobernador había sido avisado e hizo retirar a la población y sus riquezas, hacia el interior del territorio.

Los argentinos, después de una batalla con milicianos, quitaron la bandera de España e izaron la celeste y blanca.

Para confirmar esta historia, en uno de los muelles de Santa Bárbara, flamean las banderas de todos los países que alguna vez ocuparon California, incluyendo la Argentina.

Estuvo cinco o seis días en la ciudad, pero viendo la dificultad de sostener la situación sin que le enviaran refuerzos, partió nuevamente, esta vez hacia el sur a bloquear puertos mexicanos. Continuó capturando barcos y luchando contra las fuerzas realistas, en El Salvador, Guatemala y Nicaragua. Países, que tomaron los colores de sus propias banderas de la celeste y blanca argentina, que ondeaba en sus barcos.

Finalizó su viaje, luego de dos años, en 1819, integrándose a la flota del General San Martín, que se preparaba para tomar Lima, en Perú.

Contradiciendo su pasada lucha anti esclavista, murió asesinado por un esclavo de su plantación, debido al mal trato que les daba.

Como conclusión, una vida muy activa, de uno de miles que lucharon por la libertad de América.
¡Lástima que no tenía un blog!

Mapa del viaje de Bouchard

El Reino de las dos Sicilias

El Reino de las dos Sicilias

La idea original de esta entrada, era escribir sobre Drapia, en Calabria, Italia, como homenaje a mi abuelo, que como tantos italianos vino a Argentina a principios del siglo XX y murió sin volver a su tierra.
Muchas veces, traté de encontrar datos de la fecha en que vino a Argentina, pero no lo consigo, no sé, quizás vino en un barco ilegal o bajó en otro puerto, pero en Buenos Aires no encuentro nada.
Bueno, así buscando decidí escribir sobre su tierra natal, que conocí en 2015 como cuento en Un día en Calabria. Empecé a investigar y leer un poco. En esa búsqueda, encontré datos históricos que me demostraron que mientras más se aprende, más falta saber.

Drapia y el Mar Tirreno

Doménico o Domingo Colenzio, nació en la Comuna de Drapia, en la ciudad de Caria, en 1882, tuvo ocho hijos, una era mi madre, y cuando yo nací ya tenía casi ochenta años. Murió tres años después, pero como ven, todavía lo recuerdo con cariño.

Drapia, es una comuna de la provincia de Vibo Valentia, formada por las ciudades de Drapia, Caria, Gasponi y Brattiró, con unos 2200 habitantes que, cosa rara, cuando nació mi abuelo eran 3000. Está ubicada en la parte alta de una zona de sierras, en forma de peine, que baja en forma bastante abrupta hasta la playa, donde se encuentra Tropea, sobre el Mar Tirreno, de la que algunos dicen tomó su nombre, pasando por Drapea y luego Drapia.

La historia de Italia y particularmente la del sur, es muy interesante, pero demasiado extensa para contarla con un mínimo de responsabilidad en un blog.
Para el objetivo de este relato,alcanza con contar que originalmente fue habitada por tribus, los enotrios y los italios. Luego en los siglos VI y V a.c., al ser ocupada por los griegos y por su contacto con los italios, llamaron Italia a toda la península.

Los griegos trasmitieron a la región su legendaria cultura, pero fueron conquistados por los brucios, una tribu errante, en el siglo III.
Igualmente les duró poco, porque rápidamente vinieron los romanos y se quedaron con todo. No le fue bien a la población nativa con los romanos, se empobrecieron y se tuvieron que refugiar en el interior, debido a la propagación de la malaria y más adelante con ataques piratas a sus zonas costeras.

Cuando cayó el Imperio Romano de Occidente, la región quedó bajo el gobierno del Imperio Bizantino, que debió soportar la invasión sarracena, para después reconquistarla.

En el siglo XI, los normandos entraron en escena, creando un gobierno que derivó más tarde en la creación del Reino de Sicilia.
Como solía pasar en las monarquías, las peleas por la sucesión de los tronos, producía alianzas y guerras, así fue como los angevinos gobernaron Sicilia y Nápoles, hasta que llegaron los aragoneses y ocuparon la isla.

Así quedó dividido el sur de Italia, en Reino de Sicilia, dominado por los aragoneses y el Reino de Nápoles, gobernado por los angevinos. En el siglo XV, Alfonso V de Aragón, conquistó Nápoles, los angevinos fueron derrotados definitivamente y se unificaron los reinos de Sicilia y Nápoles.
Después de las guerra de sucesión española en el siglo XVIII, los austríacos gobernaron la región, hasta que Carlos de Borbón consiguió recuperarla.
Cuando muere el rey de España, Fernando VI, Carlos ocupa su lugar y deja el gobierno de Sicilia-Nápoles a su hijo Fernando IV de Nápoles,(aunque en Sicilia era III), con solo ocho años de edad, en 1759.
Se casó nueve años después con María Carolina de Austria, que era hermana de María Antonieta, reina de Francia y que se ocupó activamente del gobierno y de reprimir las ideas republicanas.

Esta represión, se convirtió en persecución, después de la Revolución Francesa.
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Napoleón Bonaparte

En 1798, Napoleón Bonaparte, invadió Italia, ocupando hasta Roma. Fernando refugiado en Sicilia, llamó a defender el reino y trató de resistirse, pero en 1805, Napoleón conquistó Nápoles, terminando con la Dinastía Borbón y dejando como gobernante a su hermano José.
Más adelante, José Bonaparte se fue a gobernar España, dejando a cargo al francés Joaquín Murat, durante cuyo gobierno fue creada la Comuna de Drapia, en 1811.
Fernando volvió a Sicilia y transformó la isla en un protectorado de Gran Bretaña, por el que pagó con la entrega de la isla de Malta.
En 1815, después de veinte años de guerras y con Napoleón derrotado, se reunió el Congreso de Viena, que restableció las fronteras de Europa y devolvió las tierras a sus monarcas originales.
Así, Fernando volvió a su reino y unificó el Reino de Nápoles y de Sicilia, en el Reino de las dos Sicilias, gobernando con el nombre de Fernando I.

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Mapa del Reino de las dos Sicilias

El reino gobernado por Fernando I, continuado por su hijo Francisco I y por su nieto, Fernando II, realizó acuerdos comerciales con las potencias europeas, potenció las fuerzas armadas, construyó caminos y vías de ferrocarril, envió a los mendigos a aprender un oficio, saneó la economia y abolió el feudalismo en Sicilia.
Ya en 1848, con revoluciones en toda Europa, Fernando II, les concede una constitución, convirtiéndose el Reino de las dos Sicilias, en el primer estado italiano constitucional.

Igualmente a los revolucionarios no les alcanzó, sobre todo a los sicilianos, porque en realidad querían terminar con la monarquía y tener una república.
Los sicilianos, más que un gobierno republicano, lo que querían era ser independientes de Nápoles, hasta el punto de ofrecer la corona a los piamonteses y como la rechazaron, pretendieron independizarse como protectorado inglés.

Debido a estas revueltas, fue que Giuseppe Garibaldi, con la “Expedición de los 1000“, desembarcó en 1860 en Sicilia, conquistó Palermo, penetrando luego en el continente, logró conquistar el reino y expulsar a los borbones, con la ayuda de los piamonteses. Después de un año de lucha, Francisco II, hijo de Fernando II, se refugió en los territorios papales de Terracina.

El 17 de marzo de 1861, se proclamó el Reino de Italia..
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Terremoto en Sicilia y Calabria de 1908

Después de la unificación, los fondos del Reino de las dos Sicilias, que era el más rico de Italia, fueron distribuidos en toda la república. Se aumentaron los impuestos y los recursos fueron principalmente para el norte, provocando pobreza y desempleo al sur.

Debido a estos problemas y a devastadores terremotos de 1905 y 1908, la población del sur tuvo que emigrar, principalmente a Estados Unidos y América del Sur.
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Mis abuelos calabreses, él de Caria y ella de Tropea

Y así fue, como mi abuelo y otros miles de calabreses, llegaron a Argentina.
Gente de campo, que sin embargo en su mayoría, se quedó viviendo en la ciudad, con oficios tales como albañiles, plomeros, carpinteros o lo que fuera, trasmitiendo su cultura y sus costumbres, que hoy junto con la de los inmigrantes españoles, son las raíces de la idiosincracia argentina.

Un cariñoso recuerdo para ellos!
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