Había una vez, durante las guerras por la independencia de América, un personaje no tan conocido y casi inexistente para las escuelas argentinas, que durante dos años viajó alrededor del mundo, luchando por nuestra bandera.
Se llamaba Hipólito Bouchard.

Si alguna vez existió alguien que se podía comparar con los héroes de los clásicos de aventuras, ese era Hipólito Bouchard.
Un francés, nacido en 1780, que atraído por las ideas liberales americanas, llegó al Río de la Plata, a  plegarse a la lucha por la independencia de las colonias españolas.

A pesar de ser marino por vocación, ingresó al regimiento de granaderos a caballo, recién creado por el General San Martín y hasta se destacó en la primera y única batalla del general en suelo argentino, la batalla de San Lorenzo. En esa ocasión, el francés le quitó la bandera al enemigo y la puso en manos de San Martín.

Hipólito Bouchard (1780 – 1837)

Pero lo seguía atrayendo el mar y en 1815, el Director Supremo de las Provincias del Río de la Plata, le otorgó la patente de corso, para que luchara contra los enemigos de la incipiente nación.

Esta patente, era un contrato por el cual, un estado otorgaba a un particular el derecho de atacar, apresar, saquear o destruir todo buque que enarbolara una bandera enemiga, a cambio de permitirle quedarse con una cierta parte del botín obtenido.

Y Bouchard, se lo tomo muy en serio.

En 1817 partió en la fragata “La Argentina”, desde Buenos Aires hacia la costa de la India, donde decían, navegaba la flota española de las Filipinas.

Cruzó el Océano Atlántico, bordeó el Cabo de Buena Esperanza, y al llegar a la costa este de África, luchó y derrotó a barcos esclavistas, en las costas de Madagascar.

Al llegar a la India y enterarse que la flota ya no comerciaba en esa zona, siguió su ruta hacia Filipinas, pasando por Java y Sumatra, donde fue atacado por piratas malayos, (sí, los de Sandokan), al sur de Borneo. Lo atacaron cinco naves, y a pesar de que la tripulación estaba débil y enferma de escorbuto, consiguió vencerlos y seguir su camino.

Llegado a Filipinas, puso sitio a Manila, su capital y durante dos meses, capturó barcos mercantes que intentaban aprovisionar a la ciudad.

Luego de esto, decidió ir hacia la costa china para tratar de capturar navíos españoles, pero ante la falta de víveres y las enfermedades de la tripulación, aprovechando las corrientes, se dirigió hacia Hawaii.

Al llegar allí, se enteró de que la fragata Chacabuco, también argentina, estaba atracada en las islas. La fragata, había sido tomada por un motín de la tripulación en Chile, con la idea de dedicarse a la piratería. Al llegar a Hawaii sin provisiones, los amotinados tuvieron que vender el barco al Rey Kamehameha, a quien Bouchard entrevistó, lo obligó a entregar la nave, firmó pactos de amistad y reconocimiento de la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, lo convenció de proporcionarle tripulantes y finalmente, el rey hawaiano fue nombrado por el corsario, teniente coronel de la nueva nación.

Luego de estas aventuras, Hipólito levó anclas hacia las costas españolas de los actuales Estados Unidos. California, bah!

Decidió atacar Monterrey, con la idea de capturar tesoros, que suponían, los españoles tenían guardados en la ciudad. Sin embargo, el gobernador había sido avisado e hizo retirar a la población y sus riquezas, hacia el interior del territorio.

Los argentinos, después de una batalla con milicianos, quitaron la bandera de España e izaron la celeste y blanca.

Para confirmar esta historia, en uno de los muelles de Santa Bárbara, flamean las banderas de todos los países que alguna vez ocuparon California, incluyendo la Argentina.

Estuvo cinco o seis días en la ciudad, pero viendo la dificultad de sostener la situación sin que le enviaran refuerzos, partió nuevamente, esta vez hacia el sur a bloquear puertos mexicanos. Continuó capturando barcos y luchando contra las fuerzas realistas, en El Salvador, Guatemala y Nicaragua. Países, que tomaron los colores de sus propias banderas de la celeste y blanca argentina, que ondeaba en sus barcos.

Finalizó su viaje, luego de dos años, en 1819, integrándose a la flota del General San Martín, que se preparaba para tomar Lima, en Perú.

Contradiciendo su pasada lucha anti esclavista, murió asesinado por un esclavo de su plantación, debido al mal trato que les daba.

Como conclusión, una vida muy activa, de uno de miles que lucharon por la libertad de América.
¡Lástima que no tenía un blog!

Mapa del viaje de Bouchard
 
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