Siguiendo con el relato de mi primer viaje a Europa y después de haber estado en Londres, Roma y El Vaticano, partimos a nuestra cuarta escala, Calabria, más precisamente la Comuna de Drapia, en la provincia de Vibo Valentia, a orillas del Mar Tirreno.

¿Un día a Calabria? ¿Desde Roma? ¿Más de 600 km? ¿6 hs de viaje, solo de ida? ¿Gastos de tren? ¿Alquiler de auto? ¿Muchas preguntas, no? ¿Y todo para qué?

La respuesta es simple, para conocer la tierra desde donde hace más de 100 años, partieron mis abuelos para nunca más volver. Resumiendo, a conocer un poco mis raíces.

Sí, este relato no es muy turístico, estuvimos poco y conocimos poco, pero para mí fue puro sentimiento. Espero que algún día mis hijos, lo recuerden de la misma manera.

Tropea

Dicen que Dios el séptimo día descansó. Nosotros no, nos levantamos bien temprano en Roma y nos fuimos arrastrando valijas hasta la Estación Termini, desde donde salía el tren que nos llevaría a Lamezia Terme, la estación más conveniente para llegar a nuestro destino.

Los boletos los había reservado en la web de Trenitalia y nos costaron € 9 cada uno. Sí, € 9.

Los billetes, se pueden comprar como máximo con cuatro meses de anticipación, no antes. Y si lo hacen, encontrarán el billete “Super económico”, a precios como el que les conté.

En Italia hay por lo que sé, tres tipos de trenes, el Regional, el Intercity y el de alta velocidad, las Frecce (flechas), además de los internacionales.

Tren Intercity
Viajando a Calabria en el tren Intercity

Los Regionales, son los suburbanos, de corta distancia, no hace falta comprar con anticipación y hay que validar los boletos antes de subir.

Los Intercity, son trenes de larga distancia, van a unos 150 km/h y son bastante cómodos y puntuales.

Finalmente las Freccia Argento, Freccia Rossa y Freccia Bianca, son los de alta velocidad, (unos 250 km/h), muy modernos, cómodos y puntuales, ofrecen menúes tipo snack o almuerzo a precios razonables, € 4,50 y € 9, respectivamente.

Nosotros tomamos el Intercity, que como dije, nos dejaba sin escalas en Lamezia. Teníamos la opción de alta velocidad, pero los horarios son muy limitados para ir al sur y no nos servía.

Había otra variante de tomar el Freccia Argento hasta Nápoles y combinar con el Intercity, pero este último era el mismo que tomamos sin escalas, o sea que llegaríamos a la misma hora.

Tiene varias paradas, pero son de menos de cinco minutos, excepto en Nápoles, que para cerca de media hora.

Regresando a nuestro viaje en particular, tengo que decir que nuestro debut en los trenes italianos no fue bueno. Tuvimos la mala suerte de que se rompiera la locomotora y hubiera que cambiarla, lo que provocó un atraso de una hora y media y que el ya escaso tiempo de que disponíamos, se redujera todavía más.

Pero bueno, lo tomamos con tranquilidad y retocando un poco el itinerario original, pudimos resolverlo bastante bien.

 

Una vez llegados a Lamezia Terme, teníamos reservado un auto en Maggiore Rent, contratado también a través de la web de Trenitalia y donde supuestamente hacen un descuento por haber viajado en tren.

Esto en parte es verdad, pero si se le agrega kilometraje ilimitado y el seguro contra todo riesgo, es caro. El problema es que no hay muchas empresas de alquiler en la estación y sino hay que alquilar en el aeropuerto, con las complicaciones que acarrea y las valijas que acarreamos nosotros.
El tema del kilometraje es así, en principio dan 100 km libres y se paga un costo por cada kilómetro adicional, pero no se pueden hacer más de 50 km adicionales.

Como calculábamos viajar unos 160 km en total, no nos servía.

El seguro es otra cosa, todos los autos alquilados incluyen un seguro básico, que cubre daños parciales y responsabilidad civil. El gran problema es que tienen una franquicia muy alta. Dependiendo del auto, más de €1500, o sea que lo que se dañe o roben por menos de este valor, hay que pagarlo. Si excede este monto, se paga la franquicia como máximo.

Por esto, decidimos contratar el seguro que reduce a € 0 la franquicia. Nos costó cerca de € 20, pero nos aseguramos la tranquilidad.

 

Volviendo al relato, nos fuimos con nuestro auto hacia Tropea, una ciudad a orillas del mar, que quedaba a unos 50 km. Les comento, que el GPS con los mapas de Italia, cargados en Argentina, no funcionan. Cuesta mucho encontrar los satélites y las rutas que indica, si las encuentra, no son nada confiables.

Por suerte, habíamos descargado la aplicación Maps Me en el teléfono, con los mapas de varios países, para poder usarla “offline”. Fue la única aplicación que nos resultó realmente útil en el viaje.

Con respecto al teléfono, ya que lo nombré, lo tuvimos todo el viaje en “modo avión”, para no generar gastos de roaming.

 

Nuestro hotel, Residence Porto Ulisse, estaba unos kilómetros antes de Tropea, en Parghelia.
Muy lindo lugar, con habitaciones tipo departamento, una pileta en la terraza con vistas al mar y un desayuno, del que no pudimos comer ni la mitad. Excelente!!!

Residence Porto Ulisse
Pileta del Residence Porto Ulisse

Ya acomodados, nos fuimos a recorrer un poco el centro histórico de Tropea.

Tropea es una ciudad ubicada en el empeine de la bota italiana, sobre un acantilado, a unos 60 m de altura sobre el mar.

 

Tiene una larga historia, desde que, según la leyenda, la fundó Hércules, pasando por las invasiones sarracenas, siendo parte de Reino de la dos Sicilias, (del que hablé en “Drapia, mi abuelo y el Reino de las dos Sicilias”), y sufriendo los terremotos de principios del Siglo XX, hasta convertirse en el lugar turístico que es hoy.

Tropea
El Domo de Tropea
Tropea
Centro Histórico
Tropea
Tropea
Tropea
Tropea
La playa y los miradores de Tropea
Tropea
Mirador del Cañon

Las calles estrechas, la “avenida” principal Vittorio Emanuele II, llena de bares y restaurantes, las casas antiguas y las iglesias, entre las que se destaca el Duomo de Tropea, siguen resistiendo el paso del tiempo.
Otra de las iglesias, creo que la más importante por su situación, es Santa María de la Isla. Ubicada sobre un peñón aislado en la playa y es accesible por un sinuoso camino. Se cree que existe desde el siglo IV, sufriendo muchas modificaciones, además de daños por los terremotos, y se volvió a abrir al público en 2014.

Tropea
Iglesia de Santa María della Isola

Tropea tiene una playa de arena blanca y aguas transparentes, desde donde es increíble ver como los edificios se sostienen sobre el borde del acantilado.

Tropea
Puerto de Tropea

Desde los miradores, además de ver el Tirreno, a lo lejos se alcanza a ver el Strómboli. Para los que no lo conocen, es el volcán por donde finalmente salen los viajeros de Viaje al Centro de la Tierra, de Julio Verne.

Tropea
El Mar Tirreno y el volcán Strómboli entre la niebla

Después del paseo, fuimos a cenar al Restaurante Pinturicchio, que nos habían recomendado en el hotel y yo se los recomiendo, tiene buena comida y excelente atención.
Así terminó un día de viaje y paseo, que había comenzado a las 6 de la mañana,

Al día siguiente, después del desayuno que ya mencioné, nos fuimos al lugar que habíamos venido a ver, La Comuna de Drapia.

Pinturicchio
Restaurante Pinturicchio

Formada por cuatro “ciudades”, Drapia, Caria, Gasponi y Brattiró. En total tiene unos 2200 habitantes, bastante menos que hace un siglo.

A su vez es parte de la provincia de Vibo Valentia y de la Región de Calabria.

Estos pueblos están sobre un cerro, a unos 400 m sobre el nivel del mar y diría que bastante aislados, porque no vimos ni un cartel que nos indicara como llegar.

Igualmente, con las indicaciones de la gente del hotel, encontramos el camino.

Toda la comuna está formada por pequeños pueblos, que viven principalmente de la agricultura.

Como yo no sabía en qué pueblo exactamente había nacido mi abuelo, nos fuimos a la oficina comunal, que está en Drapia, propiamente dicha.

Ahí, finalmente pude averiguar que mi abuelo nació en Caria, la más grande de las “ciudades”.

Tropea
Sobre el cerro la Comuna de Drapia

Caria, formó parte en una época, de la Comuna de Tropea, pasó por la de Spilinga y finalmente a principios del Siglo XIX, pasó a ser parte de Drapia.

Un pueblo sumamente religioso que construyó gratuitamente su iglesia, la de la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo en Caria.

Lo mismo hicieron cuando los terremotos de 1905 y 1908, la dañaron.

Caria
Iglesia de la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo
Caria
Caria
Caria

Drapia es otra historia, parece un pueblo casi abandonado.

El “centro”, lo forma la calle Corso Umberto I, que tiene unos 300 m de largo, con casas muy antiguas, de las que muchas están en venta.

Fue raro, hubo gente que salía a mirarnos, como si fuéramos extraterrestres.

Claro, éramos jóvenes, o casi, comparados con los habitantes.

Mucha gente mayor, que encontró algo con que alterar su rutina diaria. Hasta hubo un abuelo que nos seguía a la distancia y una señora que nos dijo agarrándose la cabeza, en un difícil calabrés, “Mamma mía! todo el mundo se va, todas las casas se venden”.

No pudimos ayudarla, pero espero que la historia se pueda revertir, y esos pueblos que alguna vez fueron prósperos y hoy casi olvidados, puedan resurgir.

Drapia
Drapia
Monumento a los “drapiesi”
que emigraron a Argentina
Drapia
Drapia
Drapia
Drapia
Las antiguas calles de Drapia

Es muy lindo el sur de Italia, sería bueno que no solo miráramos al norte.

Bueno, después de visitar estas dos ciudades, (no nos dio el tiempo para Gasponi y Brattiró), fuimos a buscar las valijas y partimos de vuelta a Lamezia Terme.

Salimos con tiempo y el camino era bastante tranquilo, hasta que paramos en Pizzo a comer el clásico “Tartufo de Pizzo”, una especie de bombón helado con un corazón de chocolate, típico de esa ciudad. Muy bueno!

No tardamos mucho en seguir nuestro camino, no muy bien señalizado, pero no encontrábamos la estación.

Sí, después de dar varias vueltas y preguntar varias veces, estábamos perdidos. No hubo GPS, ni Maps Me que nos ayudara.

Al principio no le dimos demasiada importancia, hasta que mi hija dijo la frase que nos puso los pelos de punta: “son la doce y media!!!”

Casi nos agarra un ataque, el tren pasaba a las 12:56, siempre era puntual y nosotros seguíamos sin tener idea de cómo llegar. Además este tren debíamos combinarlo en Nápoles, con un escaso margen de diecisiete minutos, con el de alta velocidad que nos llevaría a nuestro siguiente destino.

Por suerte, al fin encontramos a alguien que sabía y dando un par de vueltas, encontramos la estación.

Nos faltaba dejar el auto, así que casi lo dejé tirado en medio de la calle y mientras mi familia bajaba las valijas, yo hacía el trámite de devolución.
Llegamos corriendo al andén a las 12:47, nueve minutos antes de la llegada del tren.

Transpirando y todavía agitados, partimos puntualmente a la quinta escala de nuestro viaje, Florencia.

 

 
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