En la séptima escala de nuestro primer viaje a Europa en familia, después de visitar Londres, Roma y El Vaticano, CalabriaFlorencia y Venecia, ahora cambiamos nuevamente de país y llegamos a Paris, la capital de Francia, la Ciudad Luz.

París es una ciudad que, para el que no la conoce, genera muchísimas expectativas. Es inevitable esperar que sea increíble, con la Torre Eiffel, el Louvre, Champs Elisees, Notre Dame, el Sena, etc, etc y más etc.

Nosotros estuvimos solo dos días y medio, nada para una ciudad así, sobre todo si habiendo estado en Nueva York ocho días, nos quedaron montones de cosas por ver, este tiempo es por demás escaso para conocerla.

Sin embargo, nos alcanzó bastante bien para visitarla y ver los principales atractivos turísticos, todo a costa de andar hasta decir basta.

Llegamos desde el Aeropuerto Marco Polo de Venecia, volando en Easyjet. El vuelo duró 1:40 hs y nos depositó en el segundo aeropuerto más importante de París, Orly.
Este aeropuerto, se encuentra a unos 20 km al sur de la ciudad y uno de los problemas a resolver durante la planificación del viaje, fue como llegar hasta donde nos alojábamos, muy cerca de la estación de metro Republique, en el distrito de Bastille.

Hay muchas opciones para llegar, sobre todo al centro turístico, taxis, autobuses, trenes, shuttles, etc. Por eso también es difícil decidir cual es mejor, así que buscando y buscando, decidimos viajar la mayor parte del trayecto en tren.

Desde Orly, tomamos un autobus, (navette), que en pocos minutos no dejó en la estación Pont de Rungis del RER C, ahí tomamos el tren hasta Gare d’Austerlitz y combinamos con el Metro 5 hasta la estación Oberkampf, a 50 m de nuestro hotel. El viaje total dura unos 35 minutos, pero como se nos escapó un tren, tuvimos que esperar como 30′ hasta que llegó el siguiente.

El metro de París

En el metro, se pueden comprar billetes individuales, que costaban € 1,40 o comprar paquetes de diez, que costaban € 12,70, obviamente deberían calcular cuantos viajes piensan hacer y comprar en consecuencia. También existen tarjetas de viaje, como la París Visite o París Navigo, pero para el tiempo que íbamos a estar no nos convenían.

Después de hacer todo esto y de subir y bajar escaleras con las valijas, no sé si recomendar esta manera de llegar o decir que es mejor tomar un taxi. Lo que si es seguro, es que deben investigar como llegar según donde se alojen y comparar las opciones.

El alojamiento elegido fue el Hotel Mary’s, (reservado esta vez en Expedia), bien ubicado y limpio, con tres estaciones de metro cerca. La habitación era bastante justa para los cuatro y todos los días había que pedir una clave de internet en la recepción, cosa que era bastante molesta.
El primer día se equivocaron y nos habían reservado una habitación para tres. Por esto, nos propusieron regalarnos el desayuno o cambiar de cuarto al día siguiente. Después de intentar solucionar el problema dándonos un colchón, como no entraba, salvo que lo clavara a la pared, decidimos quedarnos sin el desayuno, pero cómodos.

En esta etapa del viaje, se agregaron dos integrantes al grupo, una amiga de mi hija y su madre, que ya habían estado en París.
Acá debo aclarar un punto, viajar con alguien que ya “conoce”, puede ser bueno, pero en algunos casos puede ser contraproducente.
Depende de muchas variables, cuando y cuanto estuvo, como viajó, si fue en grupo o solo, por agencia de viajes o planificando, gustos, expectativas, estado físico, presupuesto, etc.
Como ven hay demasiados “o”, que no necesariamente coincidirán con los nuestros, pero con buena voluntad y mucha información previa, se puede llegar a buen puerto.

Una de las cosas que me preguntaron a la vuelta, fue como nos fue con el idioma.
Qué decir? La verdad, no se nos complicó demasiado, mal que mal con algo de inglés se pueden comunicar en cualquier lado, unos pocos hablan español, más alguna palabra en francés, (que realmente valoran por el intento), hacen posible el entendimiento.
Ahora, si solo hablan español, podría decir que están en problemas, les va a costar mucho fuera de los hoteles o de los grandes íconos turísticos, como la torre o el Louvre.

Volviendo al relato del viaje, a primeras horas de la tarde, ya acomodados y reunido el grupo, sacamos mi inestimable guía, (la que hice para organizar las actividades diarias), y partimos en el metro hacia el bohemio barrio de Montmartre.

El bohemio barrio de Montmartre

1er. día – Montmartre, Basílica de Sacre Cour, Moulin Rouge, Torre Eiffel

Para empezar con algo liviano, subimos caminando hasta la Basílica del Sacre Cour, en una colina de 130 metros de altura, desde donde se ve todo París. Una alternativa es subir con el teleférico de Montmartre, que cuesta lo mismo que un viaje en metro. Realmente, salvo que quieran tener la experiencia o no puedan hacer esfuerzos, no vale el gasto.
La basílica, obra de Paul Abadie, comenzó a construirse en 1875 y se completó en 1914. Fue consagrada como basílica a los cinco años de su construcción, el 16 de octubre de 1919.

Basílica de Sacre Cour

Después de visitar el interior y fotografiar las vistas, caminamos hasta la Place du Tertre, cuna de los impresionistas y donde, aun hoy día, se pueden ver infinidad de artistas con sus atriles, pintando retratos de los viajeros que la visitan.
En esta plaza, se reunía toda la bohemia del siglo XIX, artistas como Camille Pissarro, Picasso, Modigliani, Matisse, Renoir, Degas, Toulouse Lautrec, entre otros, crearon algunas de sus cuadros aquí. Justo al final de la colina se encuentra el Espace Dalí, adonde se exhibe el trabajo del pintor surrealista Salvador Dali.
La Place du Tertre y toda la zona que la rodea, ha sido declarado Monumento Histórico.

Place du Tertre

Después de probar una excelente tarta de frutilla, en uno de los negocios de alrededor de la plaza, caminamos hasta el Boulevard de Clichy, donde se encuentra el mítico Moulin Rouge.
El famoso cabaret parisino, construido en 1889 por el español Josep Oller, que también era propietario del Olympia, está situado en el barrio rojo de Pigalle.
Algunos de los artistas que actuaron en el Moulin Rouge, fueron Charles Aznavour, Josephine Baker, Bing Crosby, Jerry Lewis, Dean Martin, Liza Minnelli, Mistinguett, Yves Montand, Edith Piaf, Ginger Rogers, Sinatra, etc.

El mítico Moulin Rouge

Desde el Moulin Rouge, tomamos el Metro 2 en la estación Blanche, hasta Víctor Hugo, desde donde caminamos por Avenue Raymond Poincaré hasta los jardines de Trocadero, atravesamos la explanada que separa la “Ciudad de la Arquitectura y del Patrimonio” del “Museo Nacional de la Marina” y cruzando el Sena, nos encontramos frente a frente con la Torre Eiffel y los Campos de Marte.

Contar que es una construcción de hierro, de 300 metros de altura, que fue creada para la Exposición Universal de París de 1889; que fue diseñada por Gustave Eiffel, que los artistas del momento la consideraron monstruosa y se planteó la posibilidad de demolerla; que a principios del siglo XX, con la llegada de las guerras mundiales, le encontraron utilidad como antena de radio y ayudó a los aliados de forma decisiva y que hoy la Torre Eiffel es el monumento más visitado del mundo, con más de 7 millones de visitantes anuales, es una cosa.

Explicar lo que se siente frente a uno de los monumentos más famosos del mundo, es otra y excede mi capacidad narrativa. Realmente es impactante, no solo por la torre en sí, sino por tomar conciencia de donde estás y que estás haciendo.
Por ahora, las fotos y videos no pueden reflejar la sensación íntima que produce un lugar o un momento.

Cruzando el Río Sena
La Torre Eiffel y los Campos de Marte
Instituto de Altos Estudios de Defensa Nacional a través de la torre

A la torre se puede subir, tanto en ascensor como por escaleras, aunque es necesario saber que se trata de 1.665 escalones. El billete para subir a la cima cuesta € 14,50 y hay que hacer bastante cola. Las entradas se pueden reservar online, desde tres meses antes, pero se agotan rapidísimo.

Como estaba terminando la tarde, dudamos si subir o no, porque nos decían que de noche no valía la pena, que era perder el tiempo. Claro lo decía alguien que había subido en invierno y en una noche con niebla, nosotros estábamos en primavera y en una noche clara.
Por eso digo que hay que dudar de las experiencias de los que “conocen”. Por suerte, no quise perder parte del poco tiempo que teníamos volviendo al otro día y subimos igual.
Bien por mí, fue un espectáculo excelente ver París de noche desde las alturas!

El Arco de Triunfo desde la torre

Después de estar cerca de una hora, (no hay límite de permanencia), volvimos al hotel a descansar. Había sido otro día duro, para variar!

 

2do. día – El Sena, Arco de Triunfo, Champs Elisees, Galerías Lafayette, Louvre

El segundo día no lo fue menos, de nuevo fuímos hasta la torre, que esta vez fotografiamos de día y muy cerca de ella, en la costa del río, tomamos uno de los barcos de Bateaux Parisiens. Por € 14 cada uno, realiza un paseo que dura cerca de una hora, desde la Torre Eiffel, hasta la Ile de la Cité, donde está la Catedral de Notre Dame, la rodea y vuelve al punto de partida.
Está muy bueno el paseo y les doy un dato, si no hace frío, siéntense en lugares donde no haya vidrio, porque sale mucho reflejo en las fotos.

Navegando por el Sena
Puente Alexandre III
Puente de las Artes
Puente de los Inválidos

Ya de vuelta en el muelle, nos fuimos caminando hasta el Arco de Triunfo, otro de los íconos de París.

Como está en una rotonda y es imposible cruzar a nivel, hay una entrada subterránea, que pasa por debajo de la calle y permite el acceso.
El arco, representa las victorias del ejército francés bajo las órdenes de Napoleón y ha sido testigo de muchos momentos históricos, como el paso de los restos de Napoleón, en 1840 y los desfiles militares de las dos guerras mundiales, en 1919 y 1944.
En la base, está la Tumba del Soldado Desconocido, un monumento que representa a los franceses que murieron en la Primera Guerra Mundial y nunca fueron identificados.
Se puede subir a la terraza, que se encuentra a cincuenta metros de altura y tiene unas excelentes vistas de la torre, el Gran Arco de la Defensa, los Campos Elíseos y Sacre Cour. El billete cuesta € 9,50 y los menores de 18 años entran gratis.

El Gran Arco de la Defensa desde el Arco de Triunfo

Al bajar, seguimos nuestro itinerario, recorriendo la avenida Des Champs Eliseés, un paseo genial con tiendas, bares y hasta un local de Citroen en el número 42, que adentro, tenía un tobogán de tres pisos con forma de resorte, que por € 2 hizo que mi hijo se divierta mucho, (junto con varios adultos que también lo disfrutaron).

Avenida Des Champs Elisees

Además de tiendas, también pasamos por el famoso teatro Lido de París, por el Gran Palacio, un imponente edificio de acero y cristal, y por el Museo de Bellas Artes.

Museo de Bellas Artes
El Gran Palacio

Así llegamos a la Plaza de la Concordia, que fue construida entre 1757 y 1779, bajo el nombre de Plaza de Luis XV. En el centro, se encontraba una estatua ecuestre del rey, para celebrar su mejora después de una enfermedad. En 1792, la estatua fue derribada y fundida y la rebautizaron como la “Plaza de la Revolución“.
Durante la Revolución Francesa se instaló la guillotina, en la que ejecutaron a más de 1.200 personas. Algunos de los personajes más destacados entre los decapitados, fueron María Antonieta, Luis XVI y Robespierre. En 1795, la plaza fue rebautizada con su nombre actual.

Plaza de la Concordia

Ahí giramos a la izquierda, por la Rue Royale, hasta la Iglesia de la Madeleine, que fue concebida por Napoleón I, basado en el diseño de un templo clásico, en honor a la Armada Francesa. Tras la caída de Napoleón, fue designado como iglesia en honor a Santa María Magdalena, en 1842.

La Iglesia de la Madeleine

Desde la iglesia, caminamos por el Boulevard des Capucines, llegando al edificio de la Opera Garnier, la Academia de la Música, uno de los edificios más lindos que vimos en París.

Opera Garnier, la Academia Nacional de Música

Como el tiempo y las fuerzas no sobraban, no entramos ni a la Madeleine, ni a la Opera, (quedará para la próxima) y seguimos hasta las Galerías Lafayette.
Las famosas tiendas, situadas en el Boulevard Haussmann, tienen de todo pero para pocos. Igualmente es un edificio espectacular para recorrer y ver los patios centrales con sus balcones y sus increíbles cúpulas.

Galerías Lafayette

Después de dar unas vueltas y ver todo lo que no podíamos comprar, volvimos a la Plaza de la Concordia, para entrar al Jardín de las Tullerías, que deben su nombre a las fábricas de “tuilles” o tejas, que antes se encontraban en ese lugar.
Un dato aparte, no compren helados en la entrada, en el interior hay una heladería mucho mejor y más barata.

Jardín de las Tullerías y el Louvre

Cruzando los jardines, llegamos al museo más famoso del mundo y el más visitado, el Louvre.
El Palacio del Louvre, es una fortaleza del siglo XII, donde algunos reyes como Carlos V y Felipe II, utilizaron el palacio como residencia real.
Está formado por las colecciones de la monarquía francesa y los robos realizados durante el Imperio Napoleónico, el museo abrió sus puertas en 1793, mostrando un nuevo modelo de museo, que pasaba de las manos de las clases dirigentes, al disfrute del público general.
En 1989, se construyó una polémica pirámide de cristal, que sirve como puerta de acceso, donde generalmente hay mucha cola. Es mucho más rápido entrar por los accesos laterales, que se muestran en el plano de su Web.

Museo de Louvre

Dicen que para recorrerlo todo en detalle, se tardarían cuatro meses. A mí me dejaron estar una hora, así que imaginen que pude ver.

De cualquier manera, sabiendo que contaba con poco tiempo, tenía previsto lo que me interesaba y para eso, el tiempo me alcanzó.
Por supuesto quería ver La Gioconda, que será el cuadro más famoso, pero hay muchos más interesantes para el que no entiende mucho de arte, como por ejemplo, Las Bodas de Caná, enfrentado a La Gioconda, La Coronación de Napoleón y uno que me gustó especialmente por la iluminación tan real que tiene, Le Deluge, (El Diluvio), que está al lado del cuadro de Da Vinci.

Las Bodas de Caná
La Coronación de Napoleon
La Gioconda
Patio de las esculturas
Hércules y Aquelao

Una vez visto esto, más el Código de Hammurabi y algunas excelentes esculturas, terminamos el día y nos preparamos para el tercero, el último.

El Arco de Triunfo del Carrousel

3er. día – Notre Dame, Panteón, Jardines de Luxemburgo, Hospital de los Inválidos

Nuestro tercer día empezó temprano, para variar, yendo a conocer la Catedral de Notre Dame. Tomamos el Metro 11 en Republique, hasta la estación Hotel de Ville y desde ahí caminamos, cruzando el Sena por el Pont D’Arcole, hasta la Ile de la Cité.

La increíble arquitectura del Hotel de Ville

Construida entre 1163 y 1245, Notre Dame de París es una de las catedrales góticas más antiguas del mundo y en ella se han celebrado importantes acontecimientos, como la coronación de Napoleón Bonaparte, la beatificación de Juana de Arco y la coronación de Enrique VI de Inglaterra.
El interior es imperdible, habiendo visitado San Pedro, Santa María del Fiore y San Marcos, Notre Dame me pareció la más impactante. La altura de la nave principal, típica del gótico, da una sensación difícil de describir con palabras.

La impactante arquitectura gótica de Notre dame

Saliendo del edificio, por el lado izquierdo, se puede acceder a las torres de 69 m de altura, con 387 escalones sin ascensor, pagando € 8,50, (los mayores de 18 años y gratis para los menores). En la visita, se sube por una torre y se baja por la otra, viendo las famosas gárgolas y las campanas, además de unas excelentes vistas de París.

Notre Dame de París
París desde el campanario

Cuando salimos de la catedral, dejamos la isla cruzando nuevamente el río, esta vez por el Petit Pont, pasamos por la famosa universidad de la Sorbona y nos encaminamos al Panteón, en el Barrio Latino. El nombre del barrio, se debe al idioma que utilizaban los estudiantes, que lo habitaban en el medioevo.

El Panteón fue el primer monumento importante de París, se construyó entre 1764 y 1790 y es hoy el lugar donde descansan los restos de personajes ilustres de Francia, como Voltaire, Rousseau, Victor Hugo, Marie Curie, Louis Braille, Jean Monnet o Alejandro Dumas.

El Panteón de París

Como ya era mediodía, compramos unos sandwiches y nos fuimos a comer a los Jardines de Luxemburgo, un parque hermoso, lleno de estudiantes que también estaban almorzando o descansando. El Palacio de Luxemburgo, que da nombre a los jardines, es actualmente la sede del senado francés.
La construcción del palacio y los jardines tuvo lugar entre los años 1615 y 1617, cuando María de Médicis, cansada de la vida en el Louvre, decidió ordenar la construcción de un palacio a la italiana hecho a su medida. Con el estallido de la Revolución Francesa, el palacio acabó convertido en una prisión, mientras que durante la Segunda Guerra Mundial fue utilizado como cuartel por los alemanes, que construyeron un bunker en el jardín.

El Palacio y Jardines de Luxemburgo

Terminado el almuerzo, alteramos nuestro itinerario original, ya que pensábamos ir a la Torre Montparnasse, (la torre de 210 m, a la que se puede subir a disfrutar de las vistas de la ciudad), porque ya habíamos estado en varios lugares altos, como Sacre Cour, la Torre Eiffel, el Arco de Triunfo y Notre Dame, así que no esperábamos ver nada nuevo.

Para terminar el día, nos acercamos al Hospital de los Inválidos, Museo del Ejército y tumba de Napoleón Bonaparte, que fue edificado en el siglo XVII, como residencia para los soldados franceses retirados del servicio.
Su cúpula dorada, se destaca desde todo sitio alto de París y además de guardar el sarcófago con las cenizas de Napoleón I, tiene un museo con uniformes, espadas, cañones, etc., que recorren la historia del ejército francés, en los siglos XIX y XX.
Fue una visita muy interesante, de unas dos horas, que quien va a París por primera vez, debería tener agendada.

El Hospital de los Inválidos
Tumba de Napoleón Bonaparte
La cúpula por dentro

Y así terminó nuestra visita a la capital francesa. Al día siguiente, fuimos en metro hasta Gare du Nord y tomamos en RER B, hasta el Aeropuerto Charles De Gaulle, desde donde volamos, (con retraso), a nuestro siguiente destino, Barcelona, la primera parada española.

 
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